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Los soldados vuelven de la guerra con el cerebro alterado


Los militares regresan de Afganistán con cambios funcionales y estructurales en su mesencéfalo, según un estudio de investigadores holandeses

Los horrores de la guerra provocan cambios en la estructura y funciones del cerebro de los soldados. Un estudio con combatientes destinados en Afganistán muestra  también que el estrés bélico disminuye sus habilidades cognitivas. Aunque, a largo plazo, las partes del cerebro más afectadas recuperan su integridad, las alteraciones entre varias interconexiones neuronales permanecen, dejando la puerta abierta a que nuevas situaciones estresantes vuelvan a afectar a su rendimiento intelectual.

Investigadores de varias universidades holandesas y del Ministerio de Defensa de ese país se propusieron investigar el impacto que el estrés bélico tiene sobre sus militares desplegados en la guerra de Afganistán. Se sabe que el estrés afecta a las funciones cognitivas y que, aunque éstas se recuperan cuando las causas de aquél desaparecen, en algunos casos de gran intensidad puede degenerar en desórdenes psiquiátricos. No hay situaciones más intensas que las de una guerra, por lo que los científicos decidieron investigar el impacto a largo plazo del conflicto afgano en sus soldados.


Sometieron a 33 soldados a una serie de pruebas para medir su atención sostenida y su memoria operativa ante varios problemas mientras les escaneaban el cerebro mediante resonancia magnética funcional antes de ser desplegados en Afganistán. Tanto sus habilidades como sus cerebros no eran diferentes de los de otros 26 militares que nunca habían estado en una misión de combate y que los investigadores usaron como grupo de control. A ambos grupos se les repitieron esas mismas pruebas 45 días después de que el primero de ellos regresara de tierras afganas tras cuatro meses en los que habían tenido que lidiar con ataques de francotiradores, patrullas en barrios hostiles o la amenaza de una bomba en cualquier curva.

Una actividad cerebral menor

“Aunque en diferente grado, casi todos presentaban cambios tanto en la función como en la estructura del mesencéfalo”, dice Guido van Wingen, de la Universidad Radboud y coautor de la investigación cuyos resultados acaba de publicar la revista PNAS. El mesencéfalo está situado en la parte superior del tronco encefálico, que une y comunica el cerebro con la médula espinal y el conjunto del sistema nervioso. “Suministra al córtex prefrontal un neurotransmisor clave para el funcionamiento ejecutivo, la dopamina”, añade.
Un mes y medio después de volver de Afganistán, el mesencéfalo de los soldados presentaba una actividad menor comparada con la del grupo de control. Para medir la integridad de esta parte del cerebro, los investigadores usaron una novedosa técnica de imágenes con tensores de difusión que sirve para estimar la densidad y estructura de los tejidos. También les permitió comprobar que las conexiones entre el mesencéfalo y el córtex prefrontal lateral se habían reducido, una disminución que no detectaron con otras zonas cerebrales.
“En teoría, se puede suponer que la gente realiza mejor una tarea cuando la hace por segunda vez. Los soldados cometieron un 25% menos de errores después de su despliegue mientras que los del grupo de control los redujeron en un 46%”, destaca van Wingen. Estas cifras sugieren que hay una correlación entre los cambios estructurales en el mesencéfalo y el desempeño de funciones cognitivas por parte del córtex prefrontal y que, detrás de este desbarajuste, está el estrés bélico.

Efectos a largo plazo

Pero los investigadores, que ya el año pasado mostraron cómo el cerebro de los soldados se adapta para afrontar el combate, querían comprobar si estos efectos permanecen a largo plazo. Para eso, volvieron a repetir todas las pruebas un año y medio después. Los cambios en la actividad y estructura mesencefálicas se habían revertido. Las habilidades cognitivas también se recuperaron.
Pero lo que no se había reparado eran las conexiones entre el mesencéfalo y el córtex prefrontal. De forma paralela, mientras la reactividad de la amígdala a los estímulos emocionales también se había normalizado, sus conexiones con otras zonas del cerebro seguían perdidas. Según el estudio, la plasticidad del cerebro permite recuperar la función y estructura de las áreas subcorticales pero no todas sus conexiones con las zonas del cerebro ejecutivo, las que nos hacen más humanos.
Aunque, como explica van Wingen, “los soldados estaban sanos y mostraron un rendimiento cognitivo normal” un año y medio después, “los resultados también revelan cambios a largo plazo en la red mesofrontal que podría aumentar la vulnerabilidad a posteriores situaciones de estrés y llevar a un déficit cognitivo de larga duración”.

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