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Los mayas no dejaron escrita la fecha del fin del mundo, pero aunque lo hiciesen sin querer, sí que nos contaron cómo podía ser el fin de una civilización. Los problemas que provocaron el ocaso del mundo maya habían comenzado casi cuatro siglos antes del hundimiento, hacia el año 660. Las prósperas ciudades mayas, que se habían multiplicado durante  un largo periodo de lluvias abundantes que comenzó hacia 440, empezaron a sufrir las consecuencias de un descenso continuo de las precipitaciones.


Sus poblaciones, que habían crecido como nunca antes durante la bonanza y dieron lugar a espectaculares conjuntos arquitectónicos como los de Tikal o Caracol, necesitaban una gran cantidad de alimentos para mantener su nivel de vida y con la escasez llegó el conflicto. Los enfrentamientos entre ciudades, las divisiones y la guerra debilitaron progresivamente una civilización que iba a recibir la puntilla con el cambio de milenio. Una sequía de 80 años, entre 1020 y 1100, acabó con la edad dorada de los mayas.
Aunque la influencia del cambio climático siempre ha estado presente en las teorías que explican el fin del periodo clásico maya, la escasez de secuencias arqueológicas y climáticas que puedan confirmar este relato ha hecho que la hipótesis aún sea controvertida. Ahora, un registro climático de los últimos 2000 años obtenido a partir de estalagmitas en la cueva Yok Balum, en Belize, ha permitido presentar pruebas consistentes que explican el fin del esplendor maya.
Esto es posible porque la composición de los átomos de oxígeno (si tienen más o menos neutrones) varía dependiendo del volumen de precipitaciones. Después, el agua con estos diferentes isótopos se filtra y acaba fijándose en las estalagmitas donde se deposita por orden cronológico formando un valioso repositorio mineral con información sobre el clima.
En un artículo publicado esta semana en Science, un grupo de investigadores liderado por Douglas Kennett, de la Universidad Estatal de Pensilvania, explica cómo compararon los cambios climáticos que quedaron grabados en la cueva con la narración de sucesos históricos tallada en los monumentos de las ciudades de la civilización precolombina. Las guerras, los matrimonios o las llegadas de nuevos reyes al poder están registrados con gran detalle en las piedras y se pueden cotejar con la abundancia o escasez de las lluvias. Esta comparación permite concluir que las circunstancias climáticas tuvieron una influencia clave en el desarrollo de la cultura maya.

La crisis tras la abundancia

Como reconoce Kennett, no solo el mal clima afectó a los mayas. Las lluvias abundantes propiciaron el inicio de un desequilibrio en la expansión de la población y la complejidad de la sociedad que más adelante acabaron por suponer un problema insuperable cuando las sequías golpearon a la civilización centroamericana.

Los autores del estudio también han utilizado un precedente más reciente y con otras fuentes históricas para comprobar que su sistema es fiable. Entre 1535 y 1575 se produjeron unas intensas sequías en la península de Yucatán que los documentos de la época asocian a descenso en la producción agrícola, hambrunas, muerte y migraciones. Entonces, según algunas estimaciones, aquel desastre relacionado con la meteorología provocó un millón de muertes.
De acuerdo a esta nueva hipótesis, el fin de la época dorada maya se produjo por culpa de los cambios de posición de la Zona de Convergencia Intertropical. Este cinturón de baja presión que rodea el planeta y viene acompañado de lluvias se quedó durante el colapso maya demasiado al sur, provocando una sequía catastrófica.
Pese a la distancia que nos separa de los mayas, Kennett cree que su desgracia puede servir para prever qué impacto puede tener en la sociedad el cambio climático. “Los ricos registros históricos y arqueológicos de los mayas proporcionan una oportunidad para examinar os efectos a largo plazo del cambio climático, tanto para el desarrollo como para la desintegración de un sistema sociopolítico complejo como el nuestro”, concluye. Parece que, como recuerda el investigador, aunque no fuese en sus calendarios, los mayas  nos legaron un relato sobre cómo podía ser el fin del mundo.
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