LOS VIAJES SE VIVEN TRES VECES:
Cuando lo preparamos (lo soñamos)
Cuando lo vivimos, y
Cuando lo recordamos
A Londres por la ruta inesperada
Viajar a Londres en agosto,
junto a mi mujer y una de mis hijas, era más que un desplazamiento: era una
forma de celebrar la vida, de extender mis 80 años hacia una ciudad que siempre
me ha fascinado. Preparar el viaje fue casi un ritual. Las maletas listas, el
taxi coordinado, el alojamiento avisado para recibirnos antes del check-in.
Todo parecía dispuesto para que el domingo a las 15:00 despegáramos rumbo a
Heathrow y amaneciéramos el lunes en Londres.
Pero los viajes, como la
vida, a veces se doblan sin avisar.
A las nueve de la noche del
sábado, cuando ya nada quedaba por ajustar, llegó el correo de British Airways.
Primero un retraso. Luego, la suspensión del vuelo. La arquitectura del viaje
se desarmó como una mesa mal afirmada. Llamadas, correos, mensajes que no
respondían. La noche se volvió una sala de espera.
Fue Javiera, mi hija, quien
sostuvo el timón en medio de esa incertidumbre. Con su inglés firme y su
paciencia luminosa, conversó durante media hora con un agente que parecía
hablar desde otra galaxia. Hasta que apareció una alternativa: viajar a Río de
Janeiro con LATAM, esperar cinco horas y luego embarcar en un vuelo de British
que nos dejaría en Londres incluso antes de lo previsto. La única condición:
estar en el aeropuerto a las tres de la madrugada.
Dormimos poco, casi nada.
Pero llegamos.
El LATAM Lounge nos recibió
como un refugio inesperado. Un espacio sostenido por energías renovables,
esculturas hechas con materiales reutilizados, fotografías de aborígenes
patagónicos que parecían recordarnos de dónde veníamos. En medio del cansancio,
ese lugar fue una pausa amable, casi un abrazo.
En Río de Janeiro, la espera
se transformó en una sorpresa. El aeropuerto Galeão ofrecía una exposición de
arte local: obras de Pedro Gomes e Ian Salamante que hablaban de la vida urbana
carioca, de sus tensiones, de sus perros callejeros como símbolo del pueblo.
Mirarlas fue entender que incluso los desvíos pueden abrir ventanas nuevas al
mundo.
Cuando finalmente embarcamos
en British, respiramos hondo. El viaje volvía a alinearse.
Heathrow nos recibió con
eficiencia británica. Salimos rápido, tomamos un Uber hacia la City y
resolvimos el ingreso anticipado al departamento. A las pocas horas ya
estábamos instalados, con la sensación de haber recuperado un destino que casi
se nos escapa entre los dedos.
De todo esto aprendimos algo
simple: ante un imprevisto, no hay que paralizarse. Hay que insistir,
preguntar, buscar alternativas. British respondió con voluntad y hasta nos
regaló un upgrade que hizo más amable el trayecto. Las molestias quedaron
atrás.
Y Londres, como si quisiera
celebrar con nosotros, nos recibió con 32°C, un calor improbable que
parecía decir: “Bienvenidos. La aventura comienza ahora.”
Cambio de ruta y salida desde Santiago






















Comments