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FILBA 2020: Sharon Olds: “Si me emocionan, los poemas están vivos"


Olds tiene 77 años y enseña escritura creativa en la Universidad de Nueva York


Presentación virtual en el 12° Filba Internacional


La poeta estadounidense leyó poemas y mantuvo una charla con la escritora Inés Garland, en la que señaló: “Mi consejo es que tomen sus vitaminas, que se cuiden físicamente. El alcohol y las drogas no son tan buenos aliados para la escritura”. 

 La belleza de Sharon Olds es luminosa y natural; parece una niña de 77 años que preserva la indómita curiosidad en la mirada y en el tono de voz chispeante y asombrada. “Tal vez una de las razones por las que no uso maquillaje es para asustar a la gente”, sugiere la poeta estadounidense en uno de los poemas que leyó durante su presentación virtual en el 12° Filba Internacional, que se realizará hasta el próximo sábado 24. “La calvinista maldita”, que nació en 1942 en San Francisco, enseña escritura creativa en la Universidad de Nueva York. “Mi consejo es que tomen sus vitaminas, que se cuiden físicamente. El alcohol y las drogas no son tan buenos aliados para la escritura”, sugirió Olds en el diálogo previo que tuvo con la escritora Inés Garland, traductora de La materia de este mundo y La habitación sin barrer, ambos publicados en ediciones bilingües por la editorial argentina Gog & Magog.

Olds recordó que creció en una atmósfera “muy tradicional” en la que sintió el peso de la religión y padeció la compleja relación con su padre alcohólico, que aparece reflejada en sus primeros poemas, y con quien acaso se reconcilió en El padre (1992), un poemario que es una crónica desgarradora de la agonía y muerte de su padre. Pronto tuvo “el deseo salvaje” de cualquier tipo de libertad, ya sea bailando, cantando o escribiendo. “Como artista una intenta exprimir la propia verdad de una misma, vas a sacar tu verdad a través del lenguaje”, explicó la poeta estadounidense, que ha recibido numerosos premios entre los que se destacan el National Book Critics Circle Award, el Premio T.S.Eliot y el Pulitzer de Poesía en 2013 por Stag’s Leap (2012). “Tuve mucha suerte, tuve educación, y algo de tiempo para soñar y escribir. No escribí porque pensé que iba a tener éxito, lo hice porque me generaba placer. No quería ser la misma clase de persona que habían sido algunos de mis ancestros”, reconoció la poeta estadounidense y confesó que a veces se emocionó con el final de un poema que resultó “más emocionante para mí, que lo que supuse que iba a ser para otras personas”.

La poeta –que ha publicado Satán dice (1980), Los muertos y los vivos (1984), La celda de oro (1987), El padre (1992), El manantial (1996) y Sangre, lata y paja (1999), entre otros libros, escribe y descarta muchos poemas. “La autocompasión es un criterio importante para no compartir esos poemas”, admitió Olds sobre aquellos poemas que decide no publicar. “Los poemas que mejor funcionan son aquellos que me permiten salir de mí misma y dejar que el brazo trabaje de alguna manera. Sé que eso no es realmente lo que pasa, pero no puedo estar controlando demasiado porque quiero que la verdad subyacente, cualquiera que sea, musical o moral, salga a la luz”. No es consciente de realizar una investigación cuando escribe sus poemas, por los conocimientos de anatomía que puedan tener. Le encanta leer el diccionario, aunque no busque la palabra específica. “Me gusta descubrir cosas sobre cualquier tema, creo que soy muy curiosa. Y también me considero ignorante para una persona educada porque hay tanto que no comprendo. Creo que no comprendo casi nada”, agregó Olds.

Detrás del libro Odas, publicado por Valparaíso Ediciones, con traducción de Elvira Sastre y Juan José Vélez Otero, hay una pequeña historia. La poeta estadounidense estaba viajando con “su amado novio” cuando entraron a una librería y se cayó de uno de los estantes la traducción al inglés de las Odas elementales, de Pablo Neruda. Compraron el libro y se lo llevaron a New Hampshire, donde entonces vivía la poeta estadounidense. “Nunca pensé: ahora escribiré odas, pero una vez que empezara a escribir no pararía. No lo planifiqué, pero escribí poemas de amor personales, que no eran personales de manera obvia. Los poemas de amor querían salir a la luz y podían surgir en la forma artística, en la forma de una oda, porque sospechaba que no se trataban de odas, y realmente no quería saberlo porque me gusta esa palabra oda. Y quería tener un libro de poemas de amor, que no fuera incómodo para él personalmente, y el libro está dedicado a él”, reveló Olds sobre ese libro en el que escribió odas al himen, al clítoris, al tampón o al condón.

“Si me emociona un poema, entonces estamos ahí. A veces me emociona más, pero tal vez haya otras cualidades que pienso que podrían estar más presentes. Cuando veo cada poeta con su propio lenguaje, melodía y tema, observo cada poema de manera individual. No soy una erudita, no soy una pensadora –aclaró Olds-. No veo tendencias en las personas, estoy concentrada en el momento, y si no es mi verdad, ¡qué interesante! Si me emocionan, quiere decir que esos poemas están vivos”. Apenas comenzó a leer advirtió: “No se preocupen por mis temblores; tengo un temblor inofensivo”. Conviene no tomar al pie de la letra sus declaraciones previas, como cuando afirmó que “soy demasiado vieja, soy del pasado, soy de otra época”. Olds, la poeta sin maquillaje, lanza poemas como alfileres oxidados que se clavan muy hondo en la piel.

Silvina Friera

Página|12

Ahora puedes ver, en el video, la conversación realizada en FILBA 2020




Tres poemas de Sharon Olds


Poemas tomados de La habitación sin barrer, publicado recientemente por editorial Gog & Magog con traducción de Inés Garland.

"La poesía de Sharon Olds es fiel a la profunda verdad de la existencia, de un enorme poder dramático y narrativo, rica en lo que Pound llamaba 'detalles luminosos'. Sus imágenes revelan la esencia del mundo cotidiano y las emociones más profundas de nuestra condición. El sexo, la maternidad, los padres y la guerra; el cuerpo como experiencia principal y prueba fehaciente del ser, y el contacto físico como la manera más primaria del contacto humano" dicen Inés Garland (traductora de este libro) e Ignacio Di Tullio en el tomo anterior que Gog & Magog le publicó, La materia de este mundo.

Tomados de La habitación sin barrer, nueva entrega de la autora estadounidense, van estas tres piezas en versión castellano.

Primera hora 

 

Esa hora, fui más yo misma que nunca. Me había sacado 

a mi madre lentamente de encima, estaba acostada ahí 

respirando por primera vez, como si 

el aire del cuarto me estuviera soplando 

como a una burbuja. Todo lo que tenía que hacer 

era salir por la línea de mi mirada y volver, 

salir y volver, en la seda de la gravedad, la 

presión del aire una caricia, oliendo en mí 

la sangre cremosa de ella. El aire 

me tocaba suavemente la piel y la lengua, 

entraba en mí y sacaba los pequeños 

suspiros que yo no sabía que eran míos. 

No tenía miedo. Estaba acostada en la quietud 

y miraba, y me dedicaba al pensamiento sin palabras, 

mi mente recibía su oxígeno 

directamente, la rica mezcla por boca. 

No odiaba a nadie. Miraba y miraba, 

y todo era interesante, yo era 

libre, todavía no enamorada, no 

pertenecía a nadie, no había bebido 

leche, todavía – nadie tenía 

mi corazón. No era muy humana. No 

sabía que existía alguien más. Estaba acostada 

como un dios, por una hora, después vinieron a buscarme, 

y me llevaron con mi madre. 


Un tiempo de pasión 

 

Después entramos en un tiempo de pasión tan 

extrema que era casi calma, el cuerpo 

duplicaba lo que quería soportar. La angustia 

y el placer jugaban una con otro. Nos salíamos de lo que yo había 

pensado era el camino, y volvíamos fácilmente. 

Y todo se hacía bajo una luz tranquila, como si nuestros 

sueños infantiles se hubieran despertado, el antiguo 

equilibrio de poderes desnudo en el cuarto, 

el chasquido ocasional de una palmada cargada de lujuria dulce 

y extrema. Cuando me oía a mí misma pidiendo cosas, 

mi susurro grave era como el siseo 

de alguna otra criatura. El sexo había sido 

como música, alto y brillante como la luna, 

azúcar como la leche que había saltado en un pequeño 

arco desde el pecho. Había parecido que estábamos desatados 

como el fuego puede desatarse de la tierra, 

o el aire del agua, que éramos flores que las estaciones 

abrían y cerraban, habíamos sido interpretados. Ahora 

éramos dos personas, jugando la una con la otra, 

como si no hubiera habido nada sagrado. Ahora, 

entraban la voluntad, el abandono del cielo, 

y extremos de emoción que yo no había sabido que existieran 

fuera de las habitaciones donde las personas se lastiman unas a otras. 

Nos amábamos. Nuestro nido había estado vacío 

por unos años ya. Encerrados juntos, o un 

dedo de uno tocando un 

pezón del otro, volábamos de cabeza hacia 

la tierra y salíamos de ella, como ensayando. 

Nunca se me cruzó la idea de que él ya no me 

amara, de que hubiéramos dejado el reino del amor. 

 

Aceite de pescado 

 

Una medianoche, llegué a casa después del trabajo 

y el departamento apestaba a pescado 

frito. Todas las ventanas estaban cerradas, 

y todas las puertas, abiertas, de 

la sartén y la espátula se desprendía una espiral 

espesa de oliva y bacalao. Mi marido 

dormía. Abrí las ventanas y cerré 

las puertas y puse los platos en la pileta 

y los sumergí en detergente. Al día 

siguiente le fui con el chisme a una amiga, y ella dijo, 

algunos podrían vivir con eso, y hasta 

aprender a disfrutar del olor a frito. Y esa noche, 

miré a mi amor, y quien él es 

me tocó el fondo del corazón. Busqué 

una botella de extra-extra virgen, 

y una receta de filete de mar en 

aceite de oliva, llené los cuartos con 

volutas de perfume de aleta, el contorno 

en la arena que dibujaron los primeros cristianos, 

el lazo que significa seguridad, que significa yo también, 

recordé el ceño fruncido de mis padres frente a cualquier 

dejo de olor fuera de la cocina, 

el escalofrío calvinista, en esa casa, frente a la dulce 

grasa de la vida. Yo había venido a mi compañero 

aturdida, anhelante, un poco de sal 

en su canasto de pesca, una chica en aceite, 

su plato. No había sabido que uno 

pudiera aprobar a otro completamente – que uno pudiera 

despertarse un día rancio, que uno pudiera despabilarse 

del sueño del enjuiciamiento. 


Eterna cadencia


BIOGRAFÍAS CRÍTICAS 
OPUSVIDA


SHARON OLDS

Sharon Olds es una poeta americana en lengua inglesa, autora de ocho libros de poesía.

Vida

Sharon Olds nació en 1942 en San Francisco (California). Creció como una «calvinista maldita». Después de su graduación en la Universidad de Stanford se transladó a realizar un Doctorado en la Universidad de Columbia. Olds ha sido galardonada en múltiples ocasiones con premios como The San Francisco Poetry Center Award, the Lamont Poetry Prize, The National Books Critics Circle Award, y el T. S. Eliot Prize. En la actualidad imparte clases de creación literaria en la Universidad de Nueva York.

Poesía

Su libro, The Wellspring (1996), se relaciona con su obra previa por el uso de un lenguaje crudo e imágenes asombrosas en las que convive la sinceridad sobre la violencia política y doméstica, la sexualidad, las relaciones de pareja, y el cuerpo. Una reseña para The New York Times aclama la poesía de Olds desde esta perspectiva: «Like Whitman, Ms. Olds sings the body in celebration of a power stronger than political oppression.»

Su primer volumen de poemas, Satán dice (1980), recibió el Galardón inaugural del Premio de Poesía de San Francisco. Los poemas analizan con gran intensidad temas personales con un tono inquebrantable representando lo que Alice Ostriker describe como una «erotics of family love and pain.»(28). El segundo volumen de Sharon Olds, Los muertos y los vivos ganó el Lamont Poetry y el National Book Critics Circle Award. con posterioridad a Los muertos y los vivos, Olds ha publicado The Gold Cell, (1987) The Father, (1992), The Wellspring, (1996), Blood, Tin, Straw, (1999), and The Unswept Room, (2002). El padre, una serie de poemas elegíacos a la muerte de su padre motivada por cáncer, fue propuesta para el T. S. Eliot Prize y finalista del The National Book Critics’ Circle Award. En palabras de Michael Ondaatje, sus poemas son «pure fire in the hands». La obra de Olds ha sido antologada en más de cien colecciones e incluida en manuales de poesía y literatura. Su poesía ha sido trasladada a siete idiomas en publicaciones internacionales. Fue poeta laureada del Estado de Nueva York entre 1998-2000. Sharon Olds es considerada una de las mejores poetas vivas de nuestra época. «I Go Back to May 1937», fue recitado en la película Into the Wild para iluminar la disfunción familiar del personaje principal. Ella también ha escrito un poema titulado Bread.

Carta a Laura Bush

En el año 2005, la Primera Dama Laura Bush invitó a Olds al Festival Nacional del Libro en Washington, D.C. Olds escribió a Laura Bush una carta abierta publicada el 10 de octubre de 2005, donde Olds le dice a Bush: «So many Americans who had felt pride in our country now feel anguish and shame, for the current regime of blood, wounds and fire. I thought of the clean linens at your table, the shining knives and the flames of the candles, and I could not stomach it.»

A LAURA BUSH
Primera Dama
La Casa Blanca

Querida señora Bush,

Le escribo para hacerle saber por qué no puedo aceptar su amable invitación para una lectura el 24 de septiembre en el Festival Nacional del Libro ni asistir a su cena en la Biblioteca del Congreso ni tampoco al desayuno en la Casa Blanca.

En cierto modo se trata de una invitación muy apetecible. ¡La idea de poder hablar en un festival al que asisten 85.000 personas es tentadora! La posibilidad de encontrar a nuevos lectores es apasionante para una poetisa desde el punto de vista personal y, asimismo, por el deseo de que la poesía sirva a sus electores, a todos aquellos de entre nosotros que necesitamos el placer y la inspiración interior y exterior que proporciona.

Además, el concepto de una comunidad de lectores y escritores hace tiempo que me alegra el corazón. Como profesora de escritura creativa en la facultad de una importante universidad he tenido la suerte de participar en algunos magníficos talleres de escritura, en los que nuestros estudiantes se convirtieron en profesores. Durante años, ellos han dado clases en sitios diversos: una prisión de mujeres, diversos institutos públicos de la ciudad de Nueva York, una sala de oncología infantil. Hace ya veinte años que funciona nuestro programa inicial en un hospital estatal de 900 camas para personas gravemente disminuidas, lo cual ha permitido el nacimiento de amistades duraderas entre jóvenes candidatos al doctorado en Bellas Artes y sus estudiantes, residentes crónicos hospitalarios que con su humor, su coraje y su sabiduría se convirtieron en profesores nuestros.

Cuando se ha sido testigo de cómo alguien que no puede hablar ni casi moverse explica detalladamente su nuevo poema con un dedo del pie, letra a letra, en un gran tablero alfabético de plástico, se ha conocido de cerca la pasión y la esencia de la escritura. Cuando se ha sostenido un pequeño tablero alfabético de cartulina ante una escritora que no puede hablar y sólo puede mover los ojos, y señala para ella primero la A, luego la B, después la C, la D, hasta llegar a la primera letra de la primera palabra de la primera línea del poema que la mujer ha estado componiendo en su cabeza toda la semana, y ella alza sus ojos para decir que sí cuando se toca dicha letra, se ha sentido con tibia inmediatez el deseo humano de la creación, de la expresión personal, de la exactitud, de la honradez y del ingenio, así como la importancia de la escritura, que celebra el valor de la historia única y de la música interior de cada persona.

Por eso la perspectiva de un festival de libros me pareció maravillosa. Pensé en la oportunidad que se me ofrecía para hablar sobre cómo iniciar un programa más vasto. Pensé en la posibilidad de vender algunos libros, de firmar algunos libros y conocer a algunos ciudadanos de Washington, DC. Pensé que podría intentar encontrar la manera, incluso como su invitada, con respeto, de hablar sobre mi profunda convicción de que no deberíamos haber invadido Irak, y declarar mi convencimiento de que el deseo de invadir otra cultura y otro país -con el consiguiente resultado de pérdidas de vidas y amputaciones entre nuestros valientes soldados y entre los no combatientes en su propio territorio- no surgió de nuestra democracia, sino que fue en cambio una decisión tomada «desde lo alto» e impuesta al pueblo con un lenguaje deformado y con falsedades. Esperaba expresar el miedo de que hayamos empezado a vivir en las sombras de la tiranía y del chovinismo religioso, la antítesis de la libertad, la tolerancia y la diversidad a que aspira nuestra nación.

Traté de ver el camino libre para asistir al festival y dar testimonio -como estadounidense que ama a su país y sus principios y su escritura- contra esta guerra no declarada y devastadora.

Pero no podría soportar la idea de compartir el pan con usted. Sé que si me sentara a comer a su lado sentiría como si estuviese perdonando lo que considero acciones salvajes y arbitrarias de la Administración de Bush.

Lo que se me venía a la mente era que yo estaría tomando los alimentos de la mano de la Primera Dama, que representa a la Administración que desencadenó esta guerra y que desea su continuación, incluso hasta el punto de permitir la «rendición extraordinaria»: el transporte de personas a otros países, donde serán torturadas para nosotros.

Muchos estadounidenses que se sentían orgullosos en nuestro país ahora sienten angustia y vergüenza por el actual régimen de sangre, mutilaciones y fuego. Pensé en los limpios manteles de su mesa, en los cuchillos brillantes y en las llamas de las velas, y no pude aguantarlo.

Afectuosamente,

Sharon Olds

OPUS VIDA



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