Saturday, September 29, 2018

CURIOSIDADES: La aldea de India donde los nombres son canciones



Los 700 habitantes de la aldea india de Kongthong tienen un nombre en forma de canción, una tradición que según los pobladores data de cuatro siglos atrás y se ve como una expresión de amor maternal.

MAYORES: "Nenitas" obra con actrices de la tercera edad



Milenio entrevista a las actrices y director de la puesta en escena "Nenitas", obra con actrices de la tercera edad.

Un mapa láser 3D revela los reinos ocultos de los mayas


Imágenes obtenidas a través del uso de la tecnología lídar revelan asentamientos mayas antiguos previamente desconocidos con casas, templos, fuertes, zanjas, fosos y caminos.CreditLuke Auld-Thomas y Marcello A. Canuto/PACUNAM


Pirámides escondidas y enormes fortalezas en la selva. Granjas y canales esparcidos en los pantanos. Autopistas que atraviesan matorrales de la selva. Son parte de las más de 61.000 estructuras mayas antiguas cubiertas por la vegetación en las tierras bajas tropicales de Guatemala que los arqueólogos finalmente han descubierto gracias a la tecnología láser de mapeo llamada lídar.

Los descubrimientos, publicados el 27 de septiembre en Science, ofrecen un panorama sobre cómo los antiguos mayas alteraron el paisaje alrededor de ellos durante más de 2500 años —desde alrededor del 1000 a. C. hasta el 1500 d. C.—, y tal vez modificará lo que los arqueólogos piensan que sabían sobre aspectos de la sociedad antigua, como el tamaño de la población, las prácticas agrícolas y los conflictos entre dinastías.

Los antiguos mayas florecieron en lo que actualmente es el sur de México, Guatemala, Belice y el oeste de Honduras. Cuando desaparecieron, dejaron atrás una rica historia escrita, pintada e inscrita en madera, piedra y cerámica. Relatos de reyes, reinas y guerra están detallados en complejos jeroglíficos.

“Estás viendo a una serie de reinos todos involucrados en esta historia política al estilo de Juego de tronos en la que se casaban, peleaban, se mataban entre ellos y se traicionaban”, dijo Thomas Garrison, un arqueólogo en la Universidad de Ithaca y uno de los autores del artículo. “El lídar revela el escenario en el que se desarrollaron estos dramas registrados en los textos”.

El lídar es similar al sonar o al radar, pero usa ráfagas de láseres para mapear un área.

En 2016, Juan Fernández Díaz, un investigador sénior en el Centro Nacional para Mapeo Láser Aerotransportado en la Universidad de Houston, sobrevoló junto a su equipo más de 2000 kilómetros sobre las copas de los árboles, y por cada segundo que volaron el lídar envió alrededor de medio millón de pulsos láser.

“Básicamente es como cortar el césped. Es ir para adelante y atrás, volando líneas muy paralelas a lo largo de la selva”, dijo Fernández Díaz.

El mapa 3D que realizaron reveló nuevos asentamientos con viviendas y templos, fortificaciones para la defensa como zanjas y fosos, así como terrazas agrícolas y caminos.

“Quedé asombrado muchas veces a medida que abría estas imágenes”, dijo Francisco Estrada Belli, un arqueólogo de la Universidad de Tulane en Nueva Orleans.

Para él, la sorpresa más grande fue descubrir vastas áreas de humedales llenas de canales. “Todos estos cientos de kilómetros cuadrados de lo que pensamos que era pantano inutilizable realmente era parte de la tierra agrícola más productiva”.

Dijo que cuando los mayas estaban ahí, sus granjas probablemente se asemejaban a lo que vemos en la actualidad en el sureste de Asia.

El equipo, cuya labor fue financiada por la Fundación Patrimonio Cultural y Natural Maya (PACUNAM), anunció en febrero a través de National Geographic de que habían descubierto las ruinas y ahora han completado su análisis.

“Este es el estudio más amplio de su tipo en Mesoamérica hasta la fecha”, dijo Marcello Canuto, también arqueólogo de la Universidad de Tulane.

A partir de los datos, el equipo calcula que tal vez había entre siete y once millones de personas viviendo en las tierras bajas centrales de los mayas durante el que es conocido como el periodo clásico tardío, que duró desde alrededor del 650 d. C. hasta alrededor del 800 d. C.


Una imagen de lídar del asentamiento maya Naachtun. Los puntos amarillos y las marcas rojas representan edificios y las calzadas están marcadas en gris. CreditLuke Auld-Thomas y Marcello A. Canuto/PACUNAM

“Cuando hablas de tres o cuatro veces más de personas de las que previamente habías pensado, tienes que reconsiderar cómo se alimentaban, cómo se relacionaban y cómo manejaban la sobrepoblación”, dijo Garrison.

Después de construir su mapa, los miembros del equipo volvieron a visitar partes de la selva que habían estudiado previamente para verificar que las estructuras que identificaron a través del lídar realmente existieran. Canuto descubrió un camino que dijo que no podía creer que no hubiesen visto previamente.

“Fui al lugar inmediatamente y pensé: ‘¡Dios mío, ahí está!’”, dijo. “Y después caminé por él”.

A Garrison, el mapa lídar le reveló que a solo treinta metros del lugar en el que alguna vez trabajó arduamente en la selva durante su investigación, había una fortaleza oculta por el follaje.

“El poder del lídar me impactó primero a través de las imágenes”, dijo. “Sin embargo, llevarlo al mundo normal del trabajo de campo fue asombroso”.

Autor: Nicholas St. Fleur es un reportero de la sección de Ciencia que escribe sobre arqueología, palentología, espacio y otros temas. Comenzó a trabajar en The New York Times en 2015. Antes, fue editor asistente en The Atlantic.

New York Times

Friday, September 28, 2018

AYER EN EL CEP: Presentación del libro "Cuba: Viaje al fin de la Revolución". Ver video más comentario de Carlos Peña sobre el libro


En la ocasión, el autor habló sobre la evolución de la sociedad cubana a lo largo de más de 15 viajes a la isla, antes y después de la muerte de Fidel Castro, los testimonios de personajes centrales de la revolución y la forma en que viven el día a día los habitantes de Cuba.
PRESENTADOR
Patricio Fernández, escritor y fundador de The Clinic.
COMENTARISTAS
Jaime Bellolio, Diputado de la República.
Javiera Parada, gestora cultural y militante de Revolución Democrática.
MODERADORA
Isabel Aninat, investigadora del CEP.






CEP


VIAJE AL FIN DE LA REVOLUCIÓN: FASCINACIÓN Y DESENGAÑO

Mezcla de crónica periodística, narración histórica, testimonio, diario de viaje y por momentos ensayo de análisis político, el nuevo libro de Patricio Fernández se convertirá en un texto indispensable para comprender los avatares, vicisitudes, triunfos y sinsabores de Cuba.

POR CARLOS PEÑA

Cuando el año 2014 Patricio Fernández se enteró que Cuba y Estados Unidos habían decidido reanudar relaciones diplomáticas, luego de medio siglo de haberlas interrumpido, “entendió -dice- que comenzaba a escribirse el último capítulo de una larga historia. Fue entonces que partí a Cuba para ser testigo del fin de la revolución”. El resultado, como ustedes podrán ver, es un libro que narra en primera persona lo que Patricio Fernández, vio, escuchó y vivió durante largas estadías en Cuba, efectuadas desde el año 2015 y hasta este año 2018, que realizó el explícito propósito de ser testigo del fin de la revolución.
La revolución cubana, como todos saben, inflamó la imaginación política de artistas e intelectuales que vieron en ella un acontecimiento único, un chispazo de luz que iluminaba el horizonte histórico y cuyo destello podría guiar los esfuerzos del resto de las sociedades las que, de esa forma, y siguiendo su ejemplo, podrían sacudirse la explotación que el centro capitalista ejercía, como se decía entonces, respecto de la periferia subdesarrollada. Tenía la revolución todos los ingredientes para ejercer ese atractivo casi hipnótico y anestesiar cualquier distancia crítica: una dictadura despreciable de la que la revolución fue una venganza; una gesta militar que rodeó con un halo de heroísmo a quienes participaron de ella; un discurso epifánico y un líder con barba y porte de profeta; y un puñado de propósitos en los que parecían amalgamarse los viejos sueños religiosos de solidaridad con las demandas de justicia. Al cabo de 50 años ¿qué quedó de ella? ¿Qué quedó de ese proyecto que entusiasmó a tantos? Esa es la pregunta que Patricio Fernández -que si bien llegó tarde a esos sueños algo alcanzó de sus rescoldos y de la estela que dejaron- intenta responder para lo cual se propuso, como confiesa en las primeras páginas de este libro, “ser testigo del fin de la revolución”.
“Ser testigo del fin de la revolución”, creo que esta frase puede servir de punto de partida para comentar este libro espléndido.
¿Qué significa, cabe preguntarse, escribir un libro en calidad de testigo o, mejor todavía, proponerse ser testigo para escribir un libro?
Para advertir las características de un libro como este, nada mejor que compararlo con uno de memorias.
Un libro de memorias es un texto en el que se echa mano al recuerdo o se hurga en el desván del pasado a fin de reconstruir reflexivamente, lo que se vivió de manera espontánea, sin reflexión y sin ironía. En las memorias, a las que Freud llamaba la novela familiar del neurótico, hay por lo mismo una especie de falsificación, puesto que la escritura introduce distancia y reflexividad allí donde, al momento de vivir lo que se narra, no la hubo. Este libro, en cambio, recoge lo que se vivió explícitamente con la conciencia de ser un testigo. Mientras quien escribe memorias vive aquello que luego relatará en una actitud natural, espontáneamente, sin reflexión alguna, puesto que la reflexión solo aparece más tarde cuando se rememora lo que ocurrió mediante la escritura, Patricio Fernández, en cambio, asistió reflexiva y deliberadamente a aquello que relata. Vivió, en otras palabras, en cada uno de sus viajes a Cuba, en cada uno de los días que allí habitó, con la conciencia de escritura, alerta a lo que vio o vivió o, si ustedes prefieren, con la conciencia de ser un testigo. Hay entonces, podríamos decir, una doble reflexividad en el texto de un testigo: reflexividad al momento de vivir lo que se relata y reflexividad al momento de relatarlo.
Por esa doble reflexividad que el texto posee, Patricio Fernández aparece en las mejores páginas de este texto como una conciencia que mientras observa lo que tiene delante suyo, se observa a sí misma, atenta a lo que ocurre ante sus ojos, pero al mismo tiempo atenta a lo que le ocurre a ella mientras se sorprende con lo que ve o lo que le pasa.
Ahora bien, desde muy temprano, desde Tucídides para ser más preciso, se reconoce que todo testigo es más o menos parcial:
“Y en cuanto a los hechos acontecidos en el curso de la guerra (…)”, se lee en Historia de la Guerra del Peloponeso, “la investigación ha sido laboriosa, porque los testigos no han dado las mismas versiones de los mismos hechos, sino según sus simpatías por unos o por otros o según la memoria de cada uno…”.
La inclinación afectiva del testigo, advierte Tucídides, es lo más importante a la hora de calibrar su testimonio. ¿Cuál es, cabría preguntarse entonces, la inclinación afectiva de Patricio Fernández por aquello que presencia?
El narrador de este libro no logra ocultar del todo la fascinación que le produce la revolución y, a la vez, la estela de desilusión que le provoca darse cuenta que esa conciencia fascinada (que, como dije denantes, hechizó a una generación que no es la suya; pero Fernández alcanzó a ver su estela) es el producto de una fantasía grandiosa que no logró nunca hacerse realidad. En cada una de las líneas de este libro asoma la admiración por algo de lo que solo quedan los retazos, un remedo pálido, y a veces dramático, de lo que pudo ser y no fue. Todo lo que se constata en el libro como virtudes de la actual realidad cubana, la sensualidad de sus habitantes, el minimalismo de sus ambiciones, la alegría con esta o con cualquier cosa, aparecen en la lectura de este libro apenas como refugios, líneas de retirada, y por eso mismo confesiones mudas, de un gigantesco fracaso.
Me parece que el título de este libro subraya esa inclinación afectiva del narrador.
La palabra fin -en Viaje al fin de la revolución es, como sabemos, el título del libro, un título que parece tomado del de Louis-Ferdinand Céline, Viaje al fin de la noche– puede ser entendida en dos sentidos: el fin como propósito o el fin como término, como acabamiento.
El testimonio de Patricio Fernández versa sobre ambos sentidos del fin de la revolución, es el esfuerzo por comprender cuáles fueron los propósitos de la revolución y, al mismo tiempo, la constatación de su acabamiento, de su extinción.
En este sentido el libro es también un balance de un proyecto histórico, un proyecto que fue durante mucho tiempo el proyecto de la izquierda latinoamericana, un proyecto que no logró, ni siquiera por momentos, estar a la altura de los sueños que se tejieron para justificarlo. Ni siquiera los logros en educación, que Barack Obama, en un alarde retórico en La Habana, dijo que envidiaba, valen la pena porque ¿de qué puede servir una población educada en un país donde la prensa es un boletín oficial de noticias, la libertad de expresión no existe, y el derecho a la crítica está reemplazado por el castigo a la blasfemia contrarrevolucionaria? Pero lo que muestra este libro, en los testimonios que recoge, las historias de vida que relata, las peripecias minúsculas del día a día que en él se contienen, no es tanto el fracaso de una política transformadora, sino la delicuescencia, el languidecer de la fe que animó a la revolución. Por eso, como con acierto la describe Patricio Fernández, la cubana ha llegado a ser una revolución sin fe.
La revolución cubana más que un proyecto histórico, especialmente si se lo examina a la luz del paso del tiempo, fue un asalto utópico a la imaginación política. Al igual que todas las olas revolucionarias de la modernidad -es cosa de recordar los movimientos europeos de mediados del XIX cuya influencia alcanzó incluso a los Estados Unidos- la revolución cubana descansó en la idea, incuestionablemente rousseaniana, de que los seres humanos estamos de algún modo corrompidos por estructuras sociales torcidas o mal diseñadas y que es cosa entonces de corregirlas para que nuestra verdadera naturaleza, el hombre nuevo como se dijo entonces, de naturaleza amable y cooperativa, pudiera brotar de nuevo. Para alcanzar ese fin ningún precio pareció demasiado alto y durante décadas, ninguna espera muy larga.
Ahora bien, esa revolución, se narra en este libro espléndido, ha muerto. Las premisas de la revolución, se constata en este libro, han muerto y solo sus consecuencias continúan en curso. La fe que la animaba, ese combustible que revestía de futuro histórico todos los sacrificios y todas las esperas, ya no existe y habría sido sustituida, si nos atenemos a los testimonios que este libro recoge, por algo que la suplanta: los retazos de un sueño heroico, por la picardía de la simple sobrevivencia; el heroismo por la épica doméstica de las colas en espera de abastecimiento; el liderazgo político por una figura imaginaria y patriarcal; las virtudes de la revolución por las vidas mínimas de los cubanos y cubanas; el análisis de los tropiezos y los fracasos, por una explicación simplista y unilateral, el bloqueo.
¿Valió la pena la revolución cubana? Parece injusto, por supuesto, juzgar la revolución a la luz de los resultados que, cuando se la llevó adelante con la imaginación inflamada de anhelos de justicia y de igualdad, ni siquiera podían sospecharse; pero si el problema se examina con cautela no lo parece tanto. La historia ya había mostrado el curso que seguían los procesos políticos cuando se inspiraban en visiones totalizadoras de lo humano y de la historia; pero es probable que a pesar de saberlo los seres humanos sientan, cada cierto tiempo, la pulsión de rebelarse contra eso que Hans Blumemberg llama el absolutismo de lo real.
Quizá por eso una forma de resumir el punto de vista que este libro recoge acerca de Cuba y la revolución, sea citar las primeras líneas de Historia de dos ciudades, de Dickens, con que Sergio Ramírez inicia Adios muchachos, sus memorias del sandinismo, otra de las experiencias fallidas de la región:
“Era el mejor de los tiempos, era el peor de los tiempos, la edad de la sabiduría y también de la locura; la época de las creencias y la incredulidad; la era de la luz y de las tinieblas; la primavera de la esperanza y el invierno de la desesperación. Todo lo poseíamos pero no teníamos nada. Caminábamos derecho al cielo y nos extraviábamos por el camino opuesto”.
Quizá Cuba sigue fascinando todavía porque sospechamos, y no cabe duda que Patricio Fernández lo sospecha también, que en ella se resumen esas dos ciudades que describe Dickens y entre las cuales, y aunque no solemos reconocerlo, oscila toda historia y toda política.

* Este texto fue leído durante la presentación del libro realizada ayer en el MAVI.
20 de julio de 2018

UDP




Diamela Eltit se adjudica el Premio Nacional de Literatura

FOTO_DIAMELA_ELTIT

La determinación fue anunciada este viernes por el ministerio de las Culturas. La novelista y ensayista es la quinta mujer que recibe el reconocimiento, luego de Gabriela Mistral, Marta Brunet, Marcela Paz e Isabel Allende.

Diamela Eltit (69) fue reconocida este viernes con el Premio Nacional de Literatura, anunciado por el nuevo ministerio de las Culturas, en la Sala Ercilla de la Biblioteca Nacional.
La escritora fue escogida de manera unánime por un jurado que presidió la ministra Consuelo Valdés y que también fue integrado por el rector (s) de la Universidad de Chile, Rafael Epstein; el rector de la Universidad Metropolitana de Ciencias de la Educación (UMCE), Jaime Espinosa, en representación del Consejo de Rectores; la profesora de la Universidad de Chile, María Eugenia Góngora, por la Academia Chilena de la Lengua; y el poeta Manuel Silva Acevedo, ganador del último galardón.
“Eres una generadora de lenguaje, una temática con la que has sido muy coherente”, dijo la ministra en comunicación telefónica con Diamela Eltit, quien se encuentra en Estados Unidos. “Además, también has sido muy creativa y constante en tus temas y también hemos apreciado tu labor docente y los reconocimientos que has tenido de tus pares, tanto del país como de la comunidad internacional”.
La autora de Lumpérica (1969) es la quinta mujer que recibe el galardón, desde 1942. Antes que ella, solo habían sido premiadas Gabriela Mistral (1951), Marta Brunet (1961), Marcela Paz (1982) e Isabel Allende (2010).
Frente a ello, la escritora dijo: “Esto de ser la quinta ganadora ojalá sea el punto de partida, porque hay muchas mujeres muy talentosas. Efectivamente hay una asimetría que la cultura tiene que reparar. El que se trate de un premio nacional es algo a lo que hay que responder y debe haber una participación igualitaria, ese es el horizonte”.
El jurado: Jaime Espinosa, rector de la UMCE; Eugenia Góngora, de la Academia Chilena de la Lengua; la ministra Consuelo Valdés; Rafael Epstein, rector (s)de la U. de Chile; y Manuel Silva, ganador del premio en 2016.
El jurado: Jaime Espinosa, rector de la UMCE; Eugenia Góngora, de la Academia Chilena de la Lengua; la ministra Consuelo Valdés; Rafael Epstein, rector (s)de la U. de Chile; y Manuel Silva, ganador del premio en 2016. Foto: Ministerio de las Culturas.

“Yo no voy a hacer ninguna campaña”, había adelantado la académica de la Universidad de Nueva York, hace algunos meses. Sin embargo, hubo otros actores que hicieron esa labor. La Universidad Católica, la Academia de Humanismo Cristiano y la Universidad Técnica Metropolitana (UTEM), por ejemplo, enviaron una postulación que, además, contó con una activa difusión en redes sociales.
Se trata del primer Premio Nacional de Literatura que es dirimido por un jurado que integra un ministro de las Culturas. Hasta este año, el representante del Ejecutivo en la decisión era el titular de Educación.
El Premio Nacional de Literatura consiste en 20 millones de pesos y una mensualidad de 20 UTM (cerca de 940 mil pesos). Entre los postulantes al reconocimiento se encontraban también Hernán Rivera Letelier, Roberto Merino, Carlos Franz, José Luis Rosasco, Jorge Guzmán, Enrique Lafourcade y Rolando Rojo.
Radio Universidad de Chile

#Libros Diamela Eltit sobre su última novela: "Sumar"


“Sumar”, una historia sobre una marcha interminable de vendedores ambulantes hacia La Moneda, es la más reciente obra de uno de los nombres que más suenan para el Premio Nacional de Literatura

Tuesday, September 25, 2018

Los cofundadores de Instagram dicen adiós a la plataforma



Kevin Systrom, a la izquierda, y Mike Krieger 
Credit
Christie Hemm Klok para The New York Times


SAN FRANCISCO — Kevin Systrom y Mike Krieger, cofundadores de Instagram, la aplicación y red social para publicar fotografías, renunciaron y dejarán pronto la empresa, una salida que aumenta los problemas de la empresa matriz, Facebook.

Systrom, el director ejecutivo de Instagram, y Krieger, su director técnico, anunciaron su decisión el lunes. Systrom, de 34 años, y Krieger, de 32, se conocen desde 2010, cuando transformaron un proyecto de software creado por Systrom en lo que ahora es Instagram, con más de mil millones de usuarios.

Aunque no dieron razones de su salida, en un comunicado conjunto dijeron estar listos para “un nuevo capítulo”, con la sugerencia de que buscan crear algo nuevo.

“Planeamos tomarnos algo de tiempo para explorar nuestra curiosidad y creatividad de nuevo”, dijo Systrom. “Para construir algo nuevo es necesario dar un paso atrás para entender qué nos inspira y emparejar eso con lo que el mundo necesita. Eso es lo que planeamos hacer”.

Mark Zucerkberg, el director ejecutivo de Facebook, indicó que les “desea lo mejor”. “Estoy a la expectativa de ver qué construyen ahora”.

Las salidas despiertan cuestionamientos sobre el futuro de Instagram en momentos en que Facebook enfrenta varias crisis sostenidas, la mayor cantidad en catorce años de historia. Durante más de dos años, se han sumado críticas contra Facebook por descuidar los datos de sus usuarios y por no prevenir la injerencia extranjera a través de su red, con más de dos mil millones de usuarios. Los problemas se han sumado y han afectado al negocio de Facebook; en julio, la empresa anunció una reducción en sus ventas de anuncios digitales y en la cantidad de usuarios nuevos.

Instagram se suma a esos problemas porque era la gran joya de la empresa. Facebook adquirió Instagram en 2012 por 1000 millones de dólares, cuando el sitio para publicar fotografías era utilizado por alrededor de 30 millones de personas; desde entonces, el uso de la plataforma se ha disparado.

Facebook ya se ha quedado sin los fundadores de otros negocios que adquirió. En abril, Jan Koum, integrante de la junta de Facebook y fundador de WhatsApp, comprado por la empresa en 2014, dijo que se iba. Koum había sugerido que estaba preocupado por la postura de Facebook sobre el manejo de la información de quienes la usan, según personas al tanto de la situación en ese momento.

Instagram fue fundada en 2010 como una aplicación para compartir ubicaciones llamada Burbn. Krieger, un usuario entusiasta de Burbn, conoció a Systrom en un programa de la Universidad de Stanford y decidieron trabajar juntos. Burbn fue cambiado y renombrado como Instagram.

La plataforma se volvió popular en Silicon Valley de inmediato, pues creció el uso de cámaras de teléfonos inteligentes justo cuando aumentó el uso de iPhones. Systrom y Krieger popularizaron el uso de filtros fotográficos y varios otros intentaron copiarlos.

Los dos trabajaban en una oficina en San Francisco, donde batallaron al inicio con mantener sus servidores en línea ante la llegada de cada vez más usuarios. Con el tiempo atrajeron la atención de Zuckerberg, que vio el potencial de una red para compartir imágenes a partir de cómo lo hacían ya usuarios de Facebook. Zuckerberg negoció la adquisición prácticamente él solo con Systrom y Krieger.

La adquisición en 2012 fue la más grande de Facebook hasta ese momento y casi inmediatamente después hubo una oferta inicial pública para cotizar en las bolsas.

Systrom y Krieger de inmediato se volvieron millonarios: Instagram ahora está valuada en casi cien veces más que el precio de compra inicial, de acuerdo con Bloomberg Intelligence.

Zuckerberg después compró Parse, servicio de herramientas para desarrolladores de móviles, y Oculus, empresa emergente de realidad virtual; desembolsó 19.000 millones  de dólares por WhatsApp.

Pero Instagram era la mayor historia de éxito de las adquisiciones de Facebook. Instagram ha seguido creciendo en popularidad, incluso cuando parecía que iba a tener problemas en mantener a usuarios jóvenes por la competencia de Snapchat (terminó copiando la herramienta de historias y ahora Snapchat no ha tenido un crecimiento tan consistente como el de Instagram).

Con la salida de Systrom y de Krieger hay incertidumbre sobre qué será de la aplicación. No queda claro quién liderará la empresa sin los cofundadores presentes ni si esa persona, o personas, lograrán mantener los éxitos de la plataforma. Marne Levine, quien era la directora de operaciones de Instagram, dejó ese cargo a principios de septiembre para encargarse de las asociaciones de Facebook.

New York Times

Saturday, September 08, 2018

Así fue el exclusivo concierto sorpresa de Paul McCartney en Nueva York

Foto del concierto en Grand Central publicada en la cuenta de Facebook oficial de Paul McCartney.
Foto del concierto en Grand Central publicada en la cuenta de Facebook oficial de Paul McCartney

El músico presenta su nuevo disco con una actuación en la estación Grand Central con invitados como Meryl Streep, Jon Bon Jovi, Jimmy Fallon o Sean Lennon


La voz empezó a correr tarde el jueves. Paul McCartney iba a dar un concierto en la Gran Manzana para promocionar su nuevo álbum. El lugar se mantuvo en secreto. El título Egypt Station daba una buena pista: la estación terminal de Grand Central. El espectáculo en el Vanderbilt Hall empezó con un chasquido, unas palmadas y un “Oh! Oh!” para probar la acústica. De ahí pasó a entonar el Hey Jude, que fue seguido por los presentes con un “don´t make it bad” que abrió una noche memorable incluso para una ciudad que lo ha visto todo como Nueva York.
Entre los 300 invitados del viernes se encontraba, completamente entregada, Meryl Streep. “Es fantástico”, comentaba llevándose la mano derecha al pecho mientras bailaba con Nancy Shevell, esposa de Paul McCartney. También estaban Jon Bon Jovi, el actor Steve Buscemi, la comediante Amy Schumer y, por su puesto, Jimmy Fallon, que no podía contener la emoción mientras escucha a su ídolo. Al fondo de la sala se encontraba también Sean Lennon, hijo de otra de las leyendas de The Beatles, mientras en el vestíbulo de la estación se amontonaban cientos de personas.
Como Fallon, muchos de los fanáticos que tuvieron la suerte de hacerse con una entrada utilizaron de jóvenes sus vinilos para decorar sus habitaciones y venerar a su estrella. “La gente cree que los que somos ya algo mayores venimos a estos conciertos para recordar nuestra juventud”, comenta Gary Horowtiz. Pero Paul McCartney, continúa, “es un innovador”. “Su música es relevante”, señala David Fricke, crítico de Rolling Stone, “siempre tiene algo que contar”.
McCartney es un cantante, un instrumentalista y un compositor sin igual. Una leyenda viva que renuncia a retirarse. Bromea diciendo que nunca se vio actuando en directo. Tampoco cuando tocaba con The Beatles. A sus 76 años, con 18 premios Grammy a sus espaldas, no tiene necesidad de subirse a un escenario y en lugar de sudar la camiseta podría vivir de las rentas. Pero sigue haciendo música, porque la ama y porque se entrega por completo a sus seguidores.

Y ante todo es humano. Los asistentes vivieron un momento excepcional. A la mitad del concierto se plantó en medio de la sala para cantar Blackbird. Meryl Streep estaba a sus pies. Empezó a tocar la guitarra y ya avanzada la canción se equivoca. En lugar de seguir, optó por cortar en seco. Volvió a empezar y tropezó de nuevo. “Dos veces", exclamó, "mi productor me dijo que me lo tomara con calma, que me divirtiera”. “Esta canción la he escrito yo”, comentó sorprendido.
Al tercer intento logró completarla, con el público animándole cuando llegaba a cada punto en la letra donde se había equivocado antes. Volvió al escenario, cambió de guitarra y comentó que uno de los títulos del nuevo álbum está dedicado a las víctimas del bullying. Preguntó si alguien había sufrido este tipo de acoso. Dos chicas jóvenes levantaron la mano, una por ser fan de los Beatles. “Sabemos quienes sois”, gritó McCartey dirigiéndose a los acosadores.
La música retumbó durante casi dos horas en Grand Central. El nuevo disco es su primer original desde New, publicado hace cinco años. Fue con Helter Skleter y USSR donde se dejó llevar, mostrando la pasión roquera que le da fuerza. “Es verdad que es la música con la que crecieron mis padres”, señala Harry Kahn, de 19 años de edad, “pero Paul es una inspiración también para las nuevas generaciones”. Louis Bradley comenta el trabajo que hizo con Kanye West y Rihanna: “Su música sigue nutriendo a los nuevos artistas”.
El álbum Egypt Station incluye una canción titulada Fuh You. El juego de palabras suena a “quiero follarte” al escuchar el estribillo en inglés. El roquero admite que le está ayudando a hablar del disco aunque la describe como una canción de amor obsceno. “También se puede interpretar 'for you”, comentó McCartney, “pero al que quiera escuchar otra cosa, que le jodan”. La letra de la pieza, por su puesto, es mucho más familiar. Habla de sentimientos y emociones.
Antes de la publicación del álbum, sus seguidores pudieron escuchar también I Don´t Know y Come On To Me. Lo bueno de las canciones, dice McCartney, es que son como una terapia. Cuando te sientes mal, te ayuda a desahogarte. El concierto acabó como empezó, con un chasquido de McCartney que fue acompañado por los asistentes. Se apagaron las luces y la Estación Central de Nueva York volvió a su estado original. El próximo 17 de septiembre arranca su gira mundial en Quebec City. En octubre participará en el festival Austin City Limits.
El País

INA THIAM: "El fotógrafo entrega su alma en cada imagen" por José Naranjo


La joven artista senegalesa presenta a elegantes modelos en medio de la basura y el plástico para denunciar la contaminación de Dakar.

Sus imágenes de chicas jóvenes y atractivas vestidas con ropas caras y con gesto alegre y desafiante, pero rodeadas de plástico, basura y todo tipo de desechos, han dado la vuelta al mundo. Sin embargo, ese es el escenario que contempla a diario la joven fotógrafa Ina Thiam detrás de su propia casa en el barrio de Pikine, a las afueras de Dakar. «Quería sorprender, provocar una reacción. Si hago fotos de la basura simplemente, la gente ya ni se molesta, están habituados a vivir así. Quería que se preguntaran cosas», asegura. Para ella, la fotografía también es denuncia.

Tiene 33 años y una fuerza interior que le asoma por los ojos. A Ndeye Fatou Thiam, su verdadero nombre, le dijeron que «no» dos veces por ser mujer. Primero quiso estudiar Matemáticas y luego presentarse a la Aduana, pero su familia se opuso. «No son cosas de chicas», le dijeron. Así que cuando comenzó a frecuentar a los raperos y cantantes de hip-hop del grupo multidisciplinar Africulturban y le volvieron a insinuar que mejor se quedaba en casa, decidió plantarse. «Estuve aprendiendo mezcla, producción musical y luego entré en el mundo audiovisual. Me dieron una cámara y tenía que grabar todos los conciertos», recuerda.

Su salto a la fotografía vino de la mano de Fatou Kandé Senghor allá por el año 2012. «Me apasioné. El vídeo es la rapidez, pero la fotografía es tener tiempo para detenerse sobre una imagen fija que puede decir muchas cosas», apunta. Una de sus referencias es la estadounidense Martha Cooper, quien retrató como nadie a los grafiteros de los años setenta. Al igual que ella, Ina Thiam se propuso plasmar en imágenes el devenir de raperos senegaleses como Fou Malade, Simon, Didi Awadi o Matador. «Ellos son gente que pelea por cambiar las cosas, yo trato de hacer lo mismo con mis fotografías», añade.

La fotógrafa senegalesa Ina Thiam. Fotografía: José Naranjo

Su Pikine natal es un lugar con enormes problemas ambientales. «Es sucio a tope, hay agua estancada y basura. Los niños juegan en medio de todo eso. Es verdad que podría haber soluciones por parte del Estado, pero la gente está insensibilizada ante la podredumbre. Así que un día le dije a mi amiga Wasso que se vistiera bien, elegante, y viniera a mi casa que tenía una idea. Cuando llegó cogimos una silla y fuimos al vertedero que hay detrás de mi casa, la puse allí y le dije que se sentara. Así empezó todo», recuerda.

«La gente dice que el Ayuntamiento debería resolverlo, que tendrían que recoger y limpiar, pero si la gente sigue tirando basura nunca se va a arreglar. La población tiene un rol a jugar en todo esto, también es responsable. Los vecinos de Guinaw Rail Nord se visten bien para ir a trabajar y cuando pasan por aquí se quitan los zapatos y se ponen chanclas para cruzar, volviéndose a cambiar cuando salen. Están acostumbrados, narcotizados ante la basura», explica Thiam, «lo que más me choca es que los niños vivan y jueguen ahí».

Cuando tuvo un puñado de imágenes con jóvenes entre los desperdicios presentó la serie a Senetopía, un proyecto inspirado por el libro Afrotopia, del economista senegalés Felwine Sarr (ver MUNDO NEGRO, nº632, pp. 48-50), «A las modelos les pido que se maquillen mucho, que se pongan tacones y cabellos naturales que son muy caros, a lo mejor lo que llevan puesto vale unos 700 euros y, sin embargo, están posando ahí en medio de la suciedad», explica la joven artista.

Pero este no es el único trabajo en curso de Ina Thiam, también conocida por su nombre artístico Ina Makosi («sabiduría» en lengua lingala). En la actualidad está centrada en el proyecto «Les Ailes du Sport», que significa «Las Alas del Deporte», pero que al pronunciarlo en francés también puede sonar como «Les Elles du Sport», «Las Ellas del Deporte». «Fotografío a chicas jóvenes que se dedican a disciplinas deportivas que en principio podría parecer que no son para mujeres, como la lucha senegalesa o el rugby». Para Thiam, el retrato es un mundo aparte. «Hay que conseguir que la persona se sienta bien, que tenga confianza, que sepa que ambos vamos a ganar con esa foto y que ambos damos el alma, porque cuando alguien inteligente la vea va a saber cosas sobre mí. Puede ser que el fotógrafo esté al otro lado del objetivo, pero también te estás retratando».
Varios artistas decoran las calles de Dakar. Fotografía: Ina Thiam

Las mujeres juegan un papel clave en su trabajo, siempre presentes, orgullosas, con el mentón alto, sonrientes y desafiantes a la vez. «Me metí en un mundo de hombres como el hip-hop y me dediqué a la fotografía por rebeldía, porque no me dejaban ser lo que quería por el hecho de ser mujer. Sé que a otras chicas les pasa y si ser feminista es dar ejemplo y mostrarles que una puede hacer lo que quiere, entonces sí, soy feminista», revela. A Ina Thiam, que se mueve con soltura entre el reportaje y la fotografía artística, le apasionan los retos y ha trabajado también para la ONG Plan Internacional en lugares complicados como República Centroafricana.

Su última idea es explorar su propio cuerpo con una serie de autorretratos que seguro que no dejarán a nadie indiferente. «Debemos estar orgullosos de lo que somos. Lo digo también como africana. Me gusta mostrar que no soy alguien pasiva, que no pido ayuda; soy alguien que se rebela, que se pelea y eso es lo que trato de transmitir como imagen y en mi vida. Uno debe trabajar para conseguir lo que quiere. Estoy orgullosa de ser de Pikine, de ser africana y pelearme por mí y por mi gente». 

Mundo negro

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Friday, September 07, 2018

PANORAMA CULTURAL PARA HOY: Conciertos "Requiem de Mozart Universidad de Chile"



Hoy a las 19 horas en el  Hall de la Facultad de Derecho (Pío Nono 1, Providencia)

Mujer, política y muerte: La historia del arte según Roser Bru

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Hasta el próximo 28 de octubre se exhibirá, en el Centro Cultural El Tranque, la muestra Vínculos y complicidades, de la artista, Premio Nacional de Artes Plásticas 2015, Roser Bru. La exhibición, que repasa más de 30 años de carrera, pretende colocar en diálogo las obras de la pintora con la historia del arte.

En 2015, la artista, Premio Nacional de Artes Plásticas 2015, Roser Bru (95), sufrió un infarto cerebro-vascular que la dejó inmovilizada de su sector derecho. Sin embargo, hoy, a casi tres años de este accidente, la pintora y grabadora, que llegó a nuestro país embarcada en el Winnipeg, se encuentra más activa que nunca.
Pinta a diario, juega dominó con sus familiares y, si la salud la acompaña, visita una que otra exhibición. También, de manera frecuente, asiste al Taller 99, que en los años 50 fue creado por Nemesio Antúnez.
“Roser trabaja todo el tiempo, sin parar. Ahora pinta en otro formato, con un atril, haciendo obras más pequeñas. Entones, sigue su proceso creativo, aunque no es exactamente lo mismo que hacía antes”, comenta Agna Aguadé, hija de la artista.
Recientemente, Roser Bru también presentó una nueva muestra: Vínculos y complicidades,que hasta el 28 de octubre se podrá visitar en el Centro Cultural El Tranque (El Tranque 10300, Lo Barnechea).
La exhibición, que fue curada por Beatriz Huidobro Hott, busca colocar en diálogo 17 obras de Roser Bru con la historia del arte a través de tres ejes: Mujer, Política y Muerte. De esta manera, la muestra revela cómo Roser Bru fue influenciada por artistas como Diego Velásquez, Francisco de Goya y Frida Kahlo.
En suma, se trata de un recorrido por los últimos 30 años de carrera de la grabadora.
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© Roser Bru, Frida amenazada, 1989, CREAIMAGEN, Chile, 2018. Fotografía: Vinka Quintana

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© Roser Bru, La historia de la mujer, La dama de Elche, 1986, CREAIMAGEN, Chile, 2018. Fotografía: Vinka Quintana.

“Los temas presentes en la exhibición son muy vigentes, absolutamente contemporáneos. El primer núcleo aborda procesos históricos, políticos, se respira la dictadura, las libertades del hombre, la libertad de los pueblos, los derechos humanos”, comenta la curadora Beatriz Huidobro Hott.
“También está la relevancia que le da a la figura de la mujer. Hay que pensar que Roser fue una de las primeras en retratar a Frida Kahlo, entonces, lo femenino también está muy presente”, añadió la investigadora, quien durante largos meses tuvo que revisar el archivo de la artista.
Agna Aguadé también advierte que la obra de Roser Bru es “universal”: “ella siempre ha sido muy visionaria, muy empática para darse cuenta de los problemas que sucedían en su época. Además, no hay tantas mujeres que hayan tenido la posibilidad de darse a conocer en la pintura. Entonces, es interesante su trabajo porque abordó mucho la perspectiva de la mujer; sus primeras obras hablan mucho de la cotidianidad y del embarazo”.
Asimismo, Agna Aguadé explicó que próximamente se realizará una Fundación para conservar la obra de la artista. “Ya está en marcha el proceso para crear esta Fundación que, obviamente, va a tener como misión cuidar y divulgar la obra de Roser Bru”.
“Ella ha trabajado sobre diversos temas y sobre diversos artistas. Entonces, su trabajo da para extender mucho su difusión”, recalcó.

Otras actividades

En el marco de la exhibición, también se realizarán otras actividades, entre ellas, una conversación con la curadora (martes 25 de septiembre a las 12:00 horas) y dos talleres para niños (sábado 8 de septiembre y sábado 27 de octubre a las 16:00 horas). También habrá visitas guiadas para el público general todos los sábados desde las 16:00 horas.
Imagen destacada: © Roser Bru, Gracias a Velázquez IV, 1995, CREAIMAGEN, Chile, 2018. Fotografía: Vinka Quintana.

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