Sunday, December 09, 2018

Los diez libros de no ficción del año, según el New York Times



Librería El Ateneo Grand Splendid de Buenos Aires, el 28 de noviembre de 2018 CreditLudovic Marín/Agence France-Presse — Getty Images

En los últimos años, el ensayo, la crónica, la novela documental y la literatura del yo han ocupado espacios tradicionalmente propios de la novela y el cuento. Si en la lista de 2016, que no diferenciaba entre ficción y no ficción, ya incluimos libros de crónica de Svetlana Aleksiévich, Marco Avilés y Sergio del Molino; en la de 2017 y en la de este año sí distinguimos en dos listas algunos de los títulos más destacados de los últimos doce meses, para hacerle un poco de justicia a un mercado que publica muchísimos libros de alta calidad (y conscientes de que las fronteras entre géneros son difusas).

Comenzamos con diez libros de no ficción que han destacado en 2018. La semana que viene, la segunda entrega será sobre libros de relatos y novelas.


Mujeres y poder: un manifiesto. Mary Beard

La famosa historiadora, divulgadora y ensayista británica Mary Beard comienza este breve y punzante ensayo —con intensidad de manifiesto— recordándonos que en La Odiseaencontramos la primera escena de la historia de la literatura en que un hombre hace callar a una mujer. Como además de relatarnos los viajes de Ulises, Homero nos cuenta cómo pasa Telémaco de la niñez a la edad adulta, el gesto de hacer callar a Penélope es interpretado como parte de un código para que el joven asuma su propia voz y, con ella, su poder de patriarca.

Gracias a su abrumador conocimiento de la Antigüedad, Beard repasa en Mujeres y poder algunos libros, escenas y mitos en que las mujeres que hablan en público son tachadas de locas o de masculinas, cuando no directamente silenciadas por arte de magia o con actos violentos.

Pero su objetivo no es quedarse en el pasado remoto, sino diseccionar el presente. Por eso también Hillary Clinton y otras mujeres importantes de nuestra época aparecen en este volumen que se lee con admiración y con indignación. Tras llegar a la última página uno entiende mejor por qué la autora contesta sistemáticamente a los imbéciles que la atacan en Twitter. Teoría y práctica, hasta las últimas consecuencias.


Guerras del interior. Joseph Zárate


Inmediatamente después de ganar a principios de octubre el premio Gabriel García Márquez, el escritor peruano Joseph Zárate publicó su primer libro, Guerras del interior, que incluye tanto ese texto como el que mereció en 2016 otro galardón importante, el Ortega y Gasset. Estamos, por tanto, ante un volumen que ha ido creciendo lentamente hasta alcanzar 130 páginas trabajadas y pulidas obsesivamente.

Aunque se trate de un libro en el que predominan los perfiles —es decir, los retratos de personas que se convierten en personajes: el activista Edwin Chota, la agricultora Máxima Acuña y el niño Osman Cuñachí—, sus figuras no se agotan en sí mismas, sino que nos ayudan a comprender América Latina a través de tres vectores conceptuales: el oro, la madera y el petróleo. Porque esos tres materiales resumen la historia del continente, su conquista imperialista y su presente neoimperial.

Como dice Philip Roth en Los hechos, la literatura siempre parte de ellos. Desde las biografías, los cuerpos y las violencias particulares que sufren Edwin, Máxima y Osman, Zárate se eleva hasta las abstracciones monetarias y la explotación macroeconómica; pero vuelve a bajar, una y otra vez. Porque, como dice Svetlana Alexiévich en el epígrafe que inaugura el volumen: “Eso es a lo que yo me dedico desesperadamente: a disminuir la historia hasta que toma una dimensión humana”.


El dolor de los demás. Miguel Ángel Hernández


Después de Intento de escapada y de El instante de peligro, dos ficciones que indagan en cómo las instituciones culturales contemporáneas moldean de un determinado modo las relaciones humanas, el escritor y profesor de historia del arte Miguel Ángel Hernández abre un paréntesis en su trayectoria novelística con esta crónica autobiográfica sobre un capítulo turbio de su adolescencia y primera juventud, acertadamente titulada El dolor de los demás.

Antes de que lograra huir de la asfixia rural donde se crió, su mejor amigo mató a su propia hermana. Aunque el acercamiento al caso recurra a las herramientas de la novela de no ficción que también ha investigado crímenes, el clímax conceptual llega gracias a la aplicación de la teoría del arte a la interpretación de los hechos. Mata así dos pájaros de un tiro: la poética de Hernández asegura su coherencia y el lector agradece que la literatura del yo y de la memoria, tan en boga, explore un camino distinto.



38 estrellas. Josefina Licitra


El nuevo libro de la cronista argentina Josefina Licitra comienza con cuatro mujeres jugando el truco sobre una alfombra, en una celda de una prisión de Montevideo. Bajo la alfombra hay un agujero. El agujero es la boca del túnel. El túnel forma parte de una fuga. La que ocurrió el 30 de julio de 1971 y que se reconstruye en 38 estrellas: la mayor fuga de una cárcel de mujeres de la historia.

La 38 protagonistas de la Operación Estrella eran militantes del Movimiento de Liberación Nacional-Tupamaros. Por eso el libro se mueve con agilidad entre la épica, el thriller carcelario y el ensayo político. A diferencia de otros libros argentinos recientes que también han explorado críticamente la militancia de izquierdas, como Las teorías salvajes de Pola Oloixarac, u Oración de María Moreno, Licitra no se centra en su país, sino que dedica sus esfuerzos a narrar los problemas con la utopías del país vecino.

Ese descentramiento geográfico —que le asegura el desapego— es uno de los muchos desplazamientos que el proyecto ejecuta con acierto (del yo a los otros, del mundo masculino al femenino, de las presas a las carceleras monjas, de una voz a otra hasta lograr el gran retrato coral).


Ordesa. Manuel Vilas


Aunque sea el libro menos ficcional de Manuel Vilas, Ordesa no está exento de ficción; pero supura verdad. El narrador se retrata a sí mismo sin misericordia: no fue un buen hijo; no fue un buen marido; no fue un buen padre. Pero no se trata de encontrar la redención a través de la escritura (tal vez sí tenga lugar una reconciliación post mortem con sus padres, los protagonistas de Ordesa y de toda la obra del autor; pero sin duda no ocurre lo mismo con su exesposa ni con sus hijos); sino de hablar de las adicciones y de su superación huyendo de la terapia y creyendo en la poesía.

Más allá de esa dimensión literaria y confesional, que emparienta Ordesa con Mortal y rosa, de Francisco Umbral, el último libro de Vilas es también una reactualización de la vieja pregunta noventayochista acerca del sentido de España. Al igual que ocurrió en años anteriores con Anatomía de un instante, de Javier Cercas, o con La España vacía, de Sergio del Molino, es esa necesidad de los lectores españoles por entender su contexto nacional la que explica que Ordesa, además de una autosemificción poderosa, se haya convertido en un superventas. Paradójicamente, en nuestra época global en cada país lideran las listas de más vendidos casi siempre títulos nacionales.


Buscando Mercy Street: el reencuentro con mi madre. Linda Gray Sexton


Linda Gray Sexton sufrió los nueve intentos de suicidio de su madre, Anne Sexton. La décima fue la vencida. “Su suicidio me aterrorizaba y lo anhelaba a partes iguales”, escribe en Buscando Mercy Street, y añade: “Deseaba librarme de la tiranía de las múltiples neurosis”. Linda tenía 21 años cuando murió su madre. Tuvo que digerir en paralelo el duelo, el alivio culpable y un exceso de información. Porque de pronto era su albacea literaria y debía leer los textos que había dejado inéditos, como el diario en que la poeta y artista registraba las veces en que se había desahogado físicamente con ella. O incluso que había decidido ahogarla.

Este libro es durísimo. No solo por lo que se narra; también porque la razón última de nuestra lectura no es la simpatía con las víctimas, Linda y su hermana, Joy, sino el interés en la figura de la victimaria (y víctima también), la poeta maldita Anne Sexton. Seguimos intoxicados por la figura del genio destructor.

Por suerte a Linda Gray Sexton no le ha ocurrido como a María Pilar Donoso, quien se suicidó tras publicar Correr el tupido velo, el libro en el que contó la oscuridad de su padre adoptivo, José, y su experiencia al leer sus diarios y papeles inéditos. Allí descubrió los apuntes de una novela en la que él imaginaba que su hija leía sus diarios y después se suicidaba.


La luna. Símbolo de transformación. Jules Cashford


En paralelo al avance de la digitalización del mundo y del poder de los algoritmos, se han consolidado varias tendencias editoriales vinculadas con el mundo natural, la artesanía y la espiritualidad. Es lógico que así sea: la tecnología nos obliga a pasar buena parte de nuestras vidas en las pantallas y está poniendo en jaque las nociones tradicionales de “condición humana” y de “alma”.

En el catálogo de la editorial Atalanta encontramos varios libros de referencia para comprender la importancia de la mitología y su vigencia en el siglo XXI, como ámbito académico en que llevar a cabo una historia cultural de la consciencia. Entre los recientemente publicados destacan los tres volúmenes de Las máscaras de Dios de Joseph Campbell y La luna. Símbolo de transformación, de Jules Cashford.

La traductora de los himnos homéricos y experta en mitos comienza hablando de la Luna y los ritmos vitales en su exhaustivo estudio de la presencia de lo lunar en las culturas y las artes, desde el Paleolítico hasta la modernidad, y acaba con el eclipse, la muerte, el renacimiento y la transformación. Entre ambos extremos, las más de 600 páginas de este volumen apasionante repasan la etimología de la palabra “luna”; analizan la presencia del satélite en los mitos egipcios, griegos, precolombinos o cristianos; y comentan la Capilla Sixtina de Miguel Ángel o Macbeth de Shakespeare para entender la polisemia de un cuerpo celeste que ha sido el espejo simbólico en que los hombres se han visto reflejados desde siempre.


21 lecciones para el siglo XXI. Yuval Noah Harari


Doctor en historia por la universidad de Oxford y profesor en la Universidad Hebrea de Jerusalén, nada en la carrera de Yuval Noah Harari apuntaba hacia su trepidante transformación en un influenciador global. Pero, de pronto, la publicación en 2014 de Sapiens le cambió la vida. Ha sido traducido a cincuenta idiomas y ha vendido más de diez millones de ejemplares. Tanto ese como su siguiente libro, Homo Deus, te los encuentras en todas las librerías y aeropuertos del mundo. Como no hay dos sin tres y sus dos primeros libros abordan, respectivamente, el pasado y el futuro de la humanidad, ahora ha publicado 21 lecciones para el siglo XXI, su examen del presente.

Un presente que según el ensayista se caracteriza por la ausencia de un gran relato (“En 1938 a los humanos se les ofrecían tres relatos globales entre los que elegir, en 1968 solo dos y en 1998 parecía que se imponía un único relato; en 2018 hemos bajado a cero”), la paulatina transferencia de la autoridad de los seres humanos a los algoritmos y dos grandes revoluciones del conocimiento: la de la biotecnología y la de la infotecnología. El análisis es interesante, pero no sorprende como sí lo hicieron Sapiens y, en menor medida, Homo Deus. Eso no significa que no tenga muy buenas ventas. Sus fanáticos son globales y están sedientos de explicaciones de la realidad más compleja y sin sentido de la historia de la humanidad.


El vértigo horizontal. Una ciudad llamada México. Juan Villoro


El vértigo horizontal constituye un esfuerzo superheroico por domesticar en 400 páginas el caos urbano que nació de un ecocidio: el secamiento de un lago. No hay ciudad tan salvaje, tan monstruosa como la capital de México. Y pocos escritores la conocen con la precisión y la pasión de Juan Villoro, que la ha retratado tanto en centenares de artículos y crónicas como en sus cuentos y novelas. Ya en El disparo de Argón, de hecho, nos reveló cuál es su clave para interpretarla: alternar la mirada a ras de suelo con la mitología del conjunto, el ojo humano con los relatos de los dioses (caídos).

Pero el libro no es solo una gran crónica metropolitana, en la que la prosa y la estructura narrativa sintonizan la misma frecuencia rizomática y laberíntica de la realidad que intentan representar: también es un proyecto curatorial. Seleccionadas por Roselin R. Espinosa, incluye reproducciones de alta calidad de fotografías de, entre otros, Yolanda Andrade, Paolo Gasparini, Francisco Mata Rosas o Adam Wiseman. Y el diseño del volumen y sus cartografías son obra del artista y diseñador Alejandro Magallanes (que ha hecho de las portadas y cubiertas de la editorial Almadía una obra personal de largo aliento).

Villoro sabe que las ciudades son obras colectivas. Y que sus mejores cronistas pertenecen siempre a una tradición. Por eso el libro está dedicado a Sergio González Rodríguez, cronista de la generación del autor que falleció antes de tiempo, e incluye fotos de Sonia Madrigal o de Oswaldo Ruiz, artistas de la generación siguiente. El mismo año en que ha ganado los premios Manuel Rojas y Jorge Ibargüengoitia, el autor de El testigo ha demostrado que sabe recibirlo y pasarlo.


El asesino tímido. Clara Usón


El nuevo libro de Clara Usón, que ha merecido en México el prestigioso premio Sor Juana Inés de la Cruz, recuerda por su argumento su celebrada novela La hija del Este. Si en en esta la autora llevaba a cabo la reconstrucción de la vida de Ana Mladic, la hija del general y criminal de guerra Ratko Mladic, que se suicidó con la pistola de su padre, en el contexto del conflicto de los Balcanes; en El asesino tímido la protagonista es Sandra Mozarovski, una actriz menor del cine erótico español de los años setenta, hija de un diplomático ruso, que supuestamente también se suicidó y cuyo caso tampoco fue aclarado.

Pero los auténticos escritores nunca repiten una fórmula: Usón nos sorprende con un proyecto híbrido en que esa muerte no es más que el eje central desde el que brotan sucesivas digresiones. Tanto autobiográficas, en que la autora nos confiesa su extravío moral durante la juventud o su tensa relación con su madre, como ensayísticas, con páginas muy personales sobre Albert Camus, Ludwig Wittgenstein y Cesare Pavese. Supongo que al cabo es una novela autoficcional, pero yo la he leído como documental. Que cada lector decida la naturaleza de su pacto.

NEW YORK TIMES



Friday, December 07, 2018

La estatua de Colón de Nueva York, declarada lugar histórico nacional

Estatua de Cristóbal Colón en Nueva York.

La estatua dedicada a Cristóbal Colón en Nueva York está oficialmente protegida. El momento del explorador genovés acaba de ser incluido en el Registro Nacional de Lugares Históricos, lo que significa en la práctica no podrá ser retirada del lugar que ocupa en la plaza en la esquina suroeste de Central Park, frente a las torres de Time Warner. La obra del escultor italiano Gaetano Russo es considerada por algunos vecinos y grupos cívicos como un símbolo racista.
La figura del marinero italiana genera polémica más de 500 años después de su muerte. El alcalde de Nueva York, Bill de Blasio, tuvo que incluir hace un año la escultura en un examen para determinar si representaba un "símbolo de oído", a raíz de que varias ciudades retiraron memoriales confederados por los incidentes raciales en Virginia. Tras tres meses de consultas, en enero se decidió que se quedaba donde estaba en la plaza de Columbus Circle.
Pero para tener plenas garantías, debía ser declarada monumento federal. Esa designación ya la tiene. El gobernador de Nueva York, Andrew Cuomo, aplaudió la decisión de incluirla en el registro nacional porque considera que la estatua representa “un tributo” a las diferentes maneras en las que los vecinos del Empire State acogen a los inmigrantes que llegan desde todos los rincones del mundo. También se reconoce la contribución de la comunidad italoamericana a su cultura.
Aunque la estatua de 23 metros de altura permanecerá en su plaza a los pies de Central Park, ya se decidió que deben incorporar nuevos elementos informativos que permitan explicar al público lo que representa en la historia de EE UU. Además, se encargó la instalación de otro monumento en la ciudad dedicado a reconocer a los pueblos indígenas para así mantener una conversación colectiva para superar los prejuicios y fomentar el entendimiento mutuo.
La escultura, que fue erigida por primera vez en 1892 en Central, Park, ya fue incluida el pasado septiembre en el registro histórico del Estado de Nueva York. En ese momento, se solicitó que se le diera el mismo reconocimiento a nivel nacional. El registro federal justifica su decisión diciendo que es un “ejemplo de arte público” al tiempo que representa “la historia étnica y social” de EE UU.
“Estoy orgulloso de que hayamos podido asegurar esta designación”, valora Andrew Cuomo. El demócrata, de origen italoamericano y uno de los principales abanderados contra la retórica xenófoba del presidente Donald Trump, insiste en que así se reconoce la historia y la diversidad de todas las culturas en el Estado. Nueva York celebra, además, en un desfile por la Quinta Avenida dedicado al explorador. Bill de Blasio también presume de su ascendencia italiana.
La decisión llega después de la polémica que provocó la retirada de otra estatua de Colón del principal parque de Los Ángeles, el pasado 10 de noviembre, con la argumentación de que el almirante, que llegó a América en 1492, fue "un genocida" de las tribus indígenas, en una campaña liderada por el concejal Mitch O’Farrell contra los símbolos de la conquista española. Aquel hecho motivó que este diario preguntase a una decena de historiadores, españoles y americanos, si realmente puede considerarse a Colón un genocida.
Casi todos refutaron ese calificativo, aunque discreparon sobre su actuación como gobernador de las Indias Occidentales. La otra conclusión es que el protagonismo español en la llegada, conquista y colonización de América es muy desconocido en Estados Unidos. Nueva York, por la importancia de la comunidad italoamericana, es más benévola con la figura de Cristóbal Colón. Como señala el propio Cuomo, "es un monumento venerado". Fueron los propios empresarios italianos en la ciudad los que financiaron el proyecto de Carlo Barsotti, director del diario Il Progreso.
ElPaís

Monday, November 26, 2018

FERIA DEL LIBRO DE GUADALAJARA: ORHAN PAMUK La mujer del pelo rojo en FIL Guadalajara 2018

FERIA DEL LIBRO DE GUADALAJARA. La cita abraza la ‘saudade’: Portugal y las grandes despedidas



Pabellón de Portugal en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara. 

800 autores y 20.000 profesionales del sector se reúnen durante nueve días en la FIL


José Saramago detestaba la comida picante, pero fue un enamorado de México por cosas como el zapatismo, la esplendorosa obra de Rulfo, sus amigos Carlos Fuentes y Carlos Monsiváis o la Feria Internacional del Libro de Guadalajara (FIL),a la que acudió más de una decena de veces. La sombra de Saramago — junto a PessoaEça de Queiroz y la flotilla actual de las letras lusas— volverá a planear este año sobre el mayor evento del libro en español, que en su 32ª edición tiene a Portugal como país invitado.

António Lobo Antunes y Gonçalo Tavares son los puntales de la expedición. “Son los dos autores portugueses con más proyección internacional. Dos generaciones diferentes: Antunes es denso, sofisticado, requiere de un lector exigente. Tavares está más encuadrado en las tendencias contemporáneas, que entienden los géneros como un límite que transgredir”, apunta la académica Alma Delia Miranda, directora de la licenciatura de letras portuguesas de la UNAM, un programa que nació de otra de las visitas de Saramago a México.

En 1997, un año antes de la concesión del Nobel al autor de Ensayo sobre la ceguera, Portugal fue la invitada de honor de la Feria de Fráncfort, la única cita editorial que supera en volumen e influencia a la FIL. Más de dos décadas después repiten muchos —Lídia Jorge, Nuno Júdice, Alfonso Cruz, Teolinda Gersão— y faltan otros. “Quizá por su avanzada edad”, añade Miranda, “no han podido venir ni la novelista Agustina Bessa-Luís ni el ensayista Eduardo Lourenço”, autor de una obra con evidentes ecos mexicanos: El laberinto de la saudade.

El aroma nostálgico impregnará de modo involuntario una edición marcada por grandes despedidas. Los premios Cervantes mexicanos Sergio Pitol y Fernando del Paso, quizá los últimos constructores latinoamericanos de grandes catedrales literarias, fallecieron este año y contarán con extensos homenajes. La repentina muerte hace poco más de una semana de Del Paso, vecino de Guadalajara y que tenía programados tres eventos en esta edición, ha obligado a reprogramar sobre la marcha. “Ha sido una sorpresa, era uno de nuestros autores más queridos de la feria y será recordado con actos acordes a su magnitud”, apuntaba la directora de la feria, Marisol Schulz, apenas unas horas después de conocerse la noticia. Al cierre de esta edición, hay ultimada una primera mesa con el director de su editorial, el histórico Fondo de Cultura Económica, y autores como Élmer Mendoza y Carmen Villoro. El centenario de Juan José Arreola, también tapatío, y el recuerdo al pensamiento político de Carlos Fuentes completarán el apartado de homenajes.

Durante nueve días desde este sábado, 120 presentaciones de títulos nuevos, 800 autores de más de 40 países y 20.000 profesionales del libro se repartirán por el caserón de 34.000 metros cuadrados que espera recibir a más de 800.000 visitantes. Hoy arrancan las actividades con el discurso de recepción del Premio FIL de Literatura en Lenguas Romances, otorgado a la poeta uruguaya Ida Vitale. El Nobel turco Orhan Pamuk abrirá el Salón Literario. El chileno Raúl Zurita y el serbio Charles Simic serán los platos fuertes en el Salón de Poesía.

“La feria no crece, se diversifica”, apuntaba Schulz en dirección a las novedades de esta edición. Un encuentro de novela negra con Leonardo Padura o William C. Gordon. Un foro de crónica con Leila Guerriero, Felipe Restrepo o Fernanda Melchor. Una miniedición del festival organizada por Sergio Ramírez, Centroamérica Cuenta, desplazado este año a la feria por las turbulencias en Nicaragua. Y el aumento de las mesas dedicadas a temas políticos como la oleada feminista, que contará con la presencia de la académica de referencia del movimiento queer, Judith Butler, el fenómeno de las fake news o los desafíos que enfrentan las democracias latinoamericanas, así como un espacio específicamente dedicado a la vinculación de literatura y gastronomía.

El País


FERIA INTERNACIONAL DEL LIBRO DE GUADALAJARA. Chiapas y Acteal marcaron el compromiso de Saramago con México

Chiapas y Acteal marcaron el compromiso de Saramago con México

La pasión mexicana del escritor portugués está en estas palabras que pronunció un día: "Si no me encuentran en mi país, búsquenme en México"


José Saramago quiso confundirse con la revolución zapatista de Chiapas y no sólo fue allí, con su amigo Carlos Monsiváis y con su editor mexicano Sealtiel Alatriste, sino que desafió a las autoridades que prescribieron que ningún extranjero cruzara esa frontera en la que soldados sin armas, al mando del Subcomandante Marcos, trataron de ganarse para sí mismos las tierras que habitaban. Esa revolución puso en pie a varios intelectuales amigos suyos. En la Fil dedicada a Portugal se preguntó hoy si ahora sería posible concitar a tantos artistas en un gesto de apoyo a reivindicaciones así. 

Aquella visita de Saramago a Chiapas sucedió en marzo de 1998,
antes de que el escritor portugués, alojado entonces con su mujer,
Pilar del Río, en la isla canaria de Lanzarote, recibiera en Fráncfort la
noticia de que era premio Nobel de Literatura. Saramago
mantuvo esa fidelidad al pueblo de Chiapas, y gracias a él
intelectuales de otras latitudes, como Susan Sontag o Nadine
Gordimer, además del citado Monsiváis y Carlos Fuentes, concitaron
apoyo internacional para la causa zapatista. Manuel Vázquez
Montalbán fue uno de los escritores españoles comprometidos con Marcos.
El punto culminante, y el más arriesgado, de ese compromiso
de Samarago fue cuando las autoridades ordenaron interrogarle
y los militares procedieron a hacerlo ante la reticencia y el enfado
del escritor. En el aspecto humano, sin embargo, lo que causó
una enorme impresión a Saramago fue uno de los incidentes
que entonces abrumaron a la opinión pública mundial, cuando
un grupo armado de la ultraderecha derecha mexicana cometió
la matanza de Acteal.
Campesinos desarmados fueron acosados y ametrallados en sus
casas y en las calles, y no sirvió la mediación del cura de esa
localidad para impedir aquella locura. El sacerdote terminó juntando
a todos los feligreses que podían haber sido víctimas "para
que muramos todos juntos".
Los detalles de aquel drama que hizo a Saramago "más mexicano"
fueron contados por quien fue su editor en este país, Sealtiel
Alatriste. Con lágrimas en los ojos, quien fue también su amigo
y anfitrión (en Barcelona, cuando Saramago se recuperaba de
una operación de la vista), dio todo tipo de detalles de la acción
criminal tal como les fue contada por supervivientes de la matanza
de Acteal. Lloró también Monsiváis, y lloró ahora Sealtiel contándolo, 

en una sala abarrotada de público interesado en seguir sabiendo
qué movió a Saramago a comprometerse de tal manera con Chiapas
y con México.
Pilar del Río, la viuda del Nobel, dijo que su marido ya conocía
México antes de que Sealtiel y Carlos Fuentes, entre otros, lo
invitaran al país. Y conocía, dijo, a escritores como Sor Juana
Inés de la Cruz
Octavio PazJuan RulfoJosé Emilio Pacheco,
el citado Fuentes y otros nacidos fuera pero entrañados en
México, como Gabriel García Márquez y Juan Gelman.
Cuando Saramago tomó contacto con el mundo literario mexicano
fue cuando Fuentes celebró los cuarenta años de la aparición de
La región más transparente;ahí fue cuando se declaró
"portugués y mexicano"; después, cuando firmó libros y las colas
se hacían interminables de modo que ya no podía seguir firmando,
 se paseó saludando a todos los que esperaban su autógrafo. Al irse
 le gritaron todos: "¡Jo-sé, Jo-sé, Jo-sé!". Entonces fue cuando
Saramago dijo: "En México gané mi nombre".
El compromiso con los emigrantes, con los desheredados de la
tierra, con los perseguidos y con los humildes, tuvo en Chiapas,
en Acteal y en México el principal campo de batalla del escritor
comprometido portugués. "Ya era comunista en su país; y como 

intelectual era un humanista compasivo". Él quiso, dijo Pilar
del Río, "comprometer su voz con México, en lo que valiera".
Marisol Schulz, que fue después de Alatriste la editora de Alfaguara
en México, condujo el acto, principal entre los habidos en la
inauguración portuguesa de esta Fil. Ella es ahora la directora
de la Feria. "Pilar lo trajo aquí, y lo llevó a Chiapas, dos
destinos que conmemoramos hoy". Hermann Bellinghausen,
corresponsal en Chiapas, hizo un recuento minucioso de
aquella visita de Saramago. "Los zapatistas querían sacar de
quicio a Ernesto Zedillo", presidente de México después de Carlos
Salinas, a quien le estalló la revuelta en los últimos días de su
mandato, en 1994. "A partir de entonces Saramago estableció
con el México de los de abajo una relación leal y para siempre".
Lydia Cacho, periodista mexicana que ha hecho también del
compromiso con el oficio un riesgo mayor, apuntó una cuestión
poco conocida, o divulgada, de los compromisos que compusieron
la figura pública y literaria de Saramago: "Él era un feminista;
él fue el que dijo, en un postrero artículo publicado en EL PAÍS

que el asunto que más nos debe importar es el de la violencia de 
los hombres contra las mujeres".
Su pasión mexicana está en estas palabras que pronunció un día:
 "Si no me encuentran en mi país, búsquenme en México". En 
México halló anoche a quienes recuerdan el momento en que 
decidió tener también la raíz que lo reclamó como escritor y como 
persona.
El País

Artist, activist Ai Weiwei and director Barry Jenkins discuss recent abuses of free speech




2018 ARTISTIC EXPRESSION AWARD: AI WEIWEI


At the 2018 LitFest Gala, PEN America will honor globally lauded artist Ai Weiwei with the Artistic Expression Award. Ai is renowned for making bold aesthetic statements that expose fault lines, unmask hypocrisies, and unleash empathy on a global scale. 
From architecture to installations, social media to documentaries, Ai Weiwei uses a wide range of mediums as expressions of new ways for his audiences to examine society and its values. Recent exhibitions include: Good Fences Make Good Neighbors with the Public Art Fund in New York City; Ai Weiwei on Porcelain at the Sakip Sabanci Museum in Istanbul; Maybe, Maybe Not at the Israel Museum in Jerusalem; and Ai Weiwei. Libero at Palazzo Strozzi in Florence. Ai was born in Beijing in 1957 and currently resides and works in Berlin. Ai is the current Einstein Visiting Professor at the Berlin University of the Arts (UdK) and the 2012 Václav Havel Prize for Creative Dissent from the Human Rights Foundation. Ai’s first feature-length documentary, Human Flow, premiered at the 74th Venice Film Festival in competition.
“Ai Weiwei’s inventive, iconic, and utterly original lens on contemporary life both within and outside China have bridged the worlds of art and activism, awakening millions to the plight of refugees, government corruption, and human suffering. His dramatic, insistent, and impossible-to-forget films, artworks, and installations have jolted the art world, inspired millions, and stoked fear in the minds of governments alert to the power of creativity to spark social change. Ai Weiwei has, for decades, endured the personal price of harassment, intimidation, and constraints on his freedom in his determination to speak out and be a voice for those who cannot. PEN America has been proud to stand with Ai Weiwei in his courageous posture of artistic defiance, and is honored to present him with our Artistic Expression Award this year.”
Suzanne Nossel, Chief Executive Officer, PEN America
PEN AMERICA

Today in History for November 27th



(27 Nov 2018) San Francisco Mayor shot to death; Gerald Ford named as Richard Nixon's Vice President; Doctors perform world's first partial face transplant; Playwright Eugene O'Neill dies. (Nov. 27)

Manu Chao extiende su leyenda a Paraguay cantando por sorpresa en un centro cultural alternativo

Manu Chao en el centro cultural La Chispa.

El autor de 'Clandestino' visitó por primera vez el país sudamericano para tocar en el Cosquín Rock pero el día antes acudió sin previo aviso al centro cultural La Chispa


Se lo habían pedido por redes sociales, pero nunca pensaron que fuera a hacerse realidad. Manu Chao llegó a la puerta del centro cultural popular La Chispa de Asunción cuando nadie lo esperaba. Era viernes, apenas las siete de la tarde. Anochecía y estaban abriendo el bar, sacando las mesas y sillas de madera sobre la calle Estrella, cuando, de pronto, el cantante apareció sonriendo bajo una gorra blanca.

Una decena de personas anonadadas rodeaban al artista nacido en París de padre gallego que, sentado y guitarra prestada en mano, empezaba a cantar. No se lo podían creer: la campaña que hicieron durante una semana en Twitter, Facebook e Instagram con la etiqueta #ManuenlaChispa había dado resultado.

Desde La Chispa retransmitían la increíble aparición. Manu Chao, como muchos otros artistas internacionales que recorren América del Sur, nunca había visitado Paraguay. Entre caladas a un cigarro contó que estuvo a punto de venir una vez, pero aún estaba firme la dictadura del militar Alfredo Sotressner (1954-1989). Mucho tiempo después, Manu entró al fin a este país sin mar y decidió participar este fin de semana en el festival argentino de exportación Cosquín Rock 2018, donde al día siguiente cantó, él solo y su guitarra, ante unas 10.000 personas.
Sentarse en La Chispa es apoyar todo un símbolo de la cultura urbana local. El centro de vestigios coloniales de Asunción es un lugar casi abandonado por las autoridades y por sus pocos propietarios pese a su riqueza patrimonial. Por eso, espacios como La Chispa son vitales para sostener la vida de los residentes y la cultura alternativa frente a otros barrios gentrificados, llenos de espacios comerciales sin identidad y cadenas internacionales de hoteles y restaurantes como los de cualquier otro lugar del mundo.
El exintegrante de Mano Negra compartió tres temas y le pasó la guitarra al cantautor paraguayo Pachín Centurion que, sentado a su lado, le cantó la guarania Pájaro Negro (Guyra hu) en guaraní, el idioma más popular en Paraguay, oficial junto al español. También Chokokue Pura Hei (El canto del campesino) y entonces Manu le pidió otro, uno que hable sobre el Che Guevara, y Pachín le cantó La Zamba del Che, de Víctor Jara.
El sencillo intercambio de poesía y melodía en plena calle solo se detenía por los abrazos que Manu aceptaba, sonriente y apretando fuerte, de toda persona que se acercase. Asunción es pequeño. Poco a poco, un centenar de personas alegres rodeaban al Chapulín Solo, como se presenta en formato acústico, y se tomaban más y más fotos con él. Manu, con paciencia y sonrisa infinita, complació a todos. Para despedirse, le firmó la guitarra a Pachín, subió el pie derecho a la silla, puso pose de rumba y se arrancó con la última canción: Desaparecido. El público estalló en coro. “Era un sueño para mucha gente, ahora ya es parte de la leyenda”, dijo Pachín a EL PAÍS.
La guitarra de Pachín Centurion firmada por Manu Chao.
La guitarra de Pachín Centurion firmada por Manu Chao
El País