Las plazas públicas de algunas ciudades se están volviendo a llenar de chavales. Sus reuniones, incomprensibles para aquellos de una generación fuera de los códigos del meme y TikTok, han acaparado los titulares de los medios durante la última semana. Todos intentan explicar qué significa “farmear aura”, un concepto asociado a los videojuegos por el verbo inglés farm (cosechar), que implica repetir una acción para subir de nivel, y aura, entendida para los jóvenes como un sinónimo de presencia, carisma y un buen rollo.
Los primeros vestigios de las tendencias digitales como símbolo de colectividad llegaron con los flash mobs. Las convocatorias nacieron como un experimento social para congregar a grandes grupos de personas a realizar una acción coordinada. Después llegaron tendencias como el planking o el owling, en el que se debía realizar una pose específica en un sitio inesperado y ser fotografiado. El Harlem Shake logró que grupos enteros se convirtieran en protagonistas de coreografías descontroladas. Y hace una década, Pokémon GO hizo algo aún más radical: convirtió las calles, plazas y monumentos de una ciudad real en escenarios de un videojuego.
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