Yanuni, el documental coproducido por Leonardo DiCaprio, inauguró Santiago Wild con una historia de resistencia desde la Amazonía
Hay muchas películas que intentan ordenar el caos del mundo. Otras, más raras y escasas, se atreven a habitarlo. Yanuni pertenece a estas últimas: no explica la Amazonía, la respira. Se instala en su ritmo, en su fragilidad, en esa tensión constante entre vida y amenaza que no se puede reducir a datos ni a discursos. Se trata de sobrevivencia y de realmente habitar un territorio, con todas sus implicancias.
Lo que se propone en este filme es una experiencia encarnada. La historia se construye desde la vida de Juma Xipaia, cacica de la aldea Kaarimã correspondiente a la tierra indígena Xipaya-Xingu, quien ha sobrevivido a múltiples intentos de asesinato mientras enfrenta, desde distintos frentes, el avance de la minería ilegal en la selva.
A su lado, el documental sigue también a su esposo, Hugo Loss, quien es agente del Instituto Brasileño de Medio Ambiente y de los Recursos Naturales Renovables (IBAMA), y lidera operativos para desmantelar redes de minería ilegal relacionadas con el oro. Juntos, encarnan una lucha que ocurre simultáneamente en lo institucional, lo territorial y lo íntimo.
Dirigida por Richard Ladkani y coproducida por Leonardo DiCaprio, la película nace justo después de los incendios que arrasaron la Amazonía en 2019, centrándose en algo más profundo que esa catástrofe inicial, plasmando en su lugar las realidades personales a las que se enfrentan los defensores del medio ambiente. El resultado es un documental que combina registros de operativos reales, escenas de alta tensión en territorios controlados por redes ilegales, y momentos de intimidad radical, como el embarazo y parto de Juma en medio de amenazas persistentes.
Esa mezcla de escalas —lo político, lo doméstico, lo espiritual— es clave en la propuesta del filme. La Amazonía no aparece como un paisaje remoto, sino como un sujeto vivo: un territorio habitado, intervenido, herido. Las imágenes aéreas conviven con escenas cercanas, donde el cuerpo vuelve a ser el centro. No hay distancia cómoda: la cámara acompaña, se expone, y con ello también rompe con la idea de objetividad tradicional en el cine ambiental.
En ese cruce, Yanuni logra algo poco frecuente: transformar la denuncia en experiencia. Hay persecuciones, quema de maquinaria ilegal, enfrentamientos latentes; pero también hay silencios, cantos, gestos de cuidado. La maternidad atraviesa el relato como una dimensión política, donde proteger la vida es más que un acto pasivo, es una forma de resistencia activa frente a un entorno que amenaza constantemente con desintegrarla.
Así, la película además de documenta un conflicto, también propone una forma distinta de entenderlo. Habla del extractivismo, así como de sus efectos invisibles: la violencia que se filtra en lo cotidiano, el miedo que se instala en los cuerpos, la memoria que persiste en las comunidades. Y en ese sentido, se convierte en un relato que desborda lo ambiental para entrar en lo humano.
Ese pulso —íntimo y político a la vez— se presentó en Santiago este lunes 4 de mayo, y con este documental se inauguró una nueva edición de Santiago Wild 2026 en el Centro Cultural CEINA, marcando el inicio de un encuentro donde el cine y la naturaleza vuelven a cruzarse desde la urgencia del presente.



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