Saturday, January 07, 2017

LO QUE ESTÁ EN EL AIRE: EL ORÁCULO HA HABLADO

Conmoción en el mundo político y los medios de comunicación. Salió la encuesta CEP. ¿Habrá que hacer una encuesta para saber si realmente a las personas les interesa realmente esta encuesta y las otras?. ¿Estamos en período de encuestistis? Este mes de enero en el ámbito político habrá bastante movimiento
Por si no has visto la CEP, les adjunto algunos gráficos y el link para verla completa. 
Pero también, algunos comentarios de ¿por qué las encuestas se equivocan?













Si quieres ver la Encuesta CEP, ingresar aquí

¿Por qué se equivocan las encuestas?



Las empresas de demoscopia arrastran varios errores. Erraron con el 'Brexit', con el acuerdo de paz colombiano, con las elecciones generales españolas y con Trump
Los cambios rápidos de tendencia, difíciles de predecir, y la legión de indecisos colaboran en su fracaso

Hasta hace sólo unos días, Arie Kapteyn era el hazmerreír de los profesionales de las encuestas, un carcamal anticuado del que todos se mofaban porque andaba por ahí haciendo unos sondeos disparatados y completamente a contracorriente que arrojaban escenarios tan impensables como que Donald Trump sería el 46 presidente de los Estados Unidos de América. Menudo chiflado...
Evidentemente, desde el pasado día 8 ya nadie se ríe de Kapteyn, quien se ha convertido en un referente de la demoscopia, la ciencia que trata de medir las opiniones y comportamientos humanos mediante sondeos de opinión. Porque ese viejo profesor de economía de la Universidad de California del Sur ha sido el único que, con sus encuestas para el diario Los Angeles Times, ha sido capaz de prever la victoria de Trump. Ningún otro de los grandes medios de comunicación estadounidenses acertó en sus pronósticos; todos patinaron estrepitosamente al dar como ganadora a Hillary Clinton.
Pero ésta no es la primera vez que los sondeos se equivocan. Las empresas de demoscopia encadenan desde hace meses varios clamorosos errores. Metieron la pata hasta el fondo cuando pronosticaron que, en el referéndum del Brexit de julio pasado, ganarían los partidarios de que el Reino Unido permaneciera en la Unión Europea. Erraron de cabo a rabo cuando dieron por sentado que, en octubre, la mayoría de los colombianos respaldaría el acuerdo de paz negociado entre el Gobierno y los guerrilleros de las FARC. Se confundieron de lleno cuando pronosticaron que, en mayo del año pasado, David Cameron no sería reelegido primer ministro británico.
Fallaron a lo grande en las últimas elecciones generales en España, cuando anunciaron que Podemos adelantaría al PSOE y que, gracias a ese sorpasso, se convertiría en el segundo partido del país. Acaba de suceder también con Nicolas Sarkozy, que ha perdido las primerias de la derecha francesa. Y se estrellaron ruidosamente al ser incapaces de predecir la victoria de Donald Trump en las recientes elecciones presidenciales estadounidenses.
"Es una absoluta exageración decir que últimamente los sondeos están fallando mucho, no es verdad. En el mundo existen alrededor de 600 empresas que los hacen casi a diario, miles de sondeos al año. Y la mayoría aciertan. Hay estudios que muestran que alrededor del 90% dan en el blanco. En Estados Unidos, por ejemplo, han acertado rotundamente", sostiene José Juan Toharia, director de Metroscopia, argumentado que, los días previos a la votación, los sondeos daban a Hillary Clinton una ventaja de entre 1 y 2 puntos sobre Trump. "Y efectivamente la candidata demócrata ha ganado en número de votos. Lo que ocurre es que, en Estados Unidos, el presidente no se elige directamente mediante voto popular, sino que son los delegados de los estados los que lo hacen. Pero los sondeos han acertado: decían que Hillary iba a tener más votos y los ha tenido".
Lo mismo opina José Miguel de Elías, director de Investigación y Análisis de Sigma Dos. "Los sondeos en Estados Unidos decían que Hillary sacaría más votos y los ha sacado". Sin embargo admite que las encuestas no han hecho diana al vaticinar quién sería el ganador en cada uno de los distintos estados, lo que desencadenó que pronosticaran que las llaves de la Casa Blanca irían a manos de Hillary.
"Las mejores encuestas a nivel estatal o regional se hacen con muestras de 400 o 500 personas. Y en estados como Florida Pennsylvania, en los que Trump se ha anotado la victoria por una mayoría muy estrecha, con muestras así de reducidas no es fácil acertar", añade de Elías, quien también reconoce que las encuestas, con frecuencia, tienen problemas a la hora de recoger con toda su intensidad los cambios de tendencia muy rápidos. Así, explica, tras los comentarios machistas de Trump las encuestas mostraron una subida importante del apoyo a Hillary Clinton. "Pero en los últimos días ambos candidatos se igualaron. Ese movimiento se detectó, las encuestas mostraron cómo la distancia entre ambos candidatos se estrechaba y Hillary, que iba siete puntos por delante de Trump, reducía su ventaja a 1-3 puntos. Pero ese movimiento no se detectó con toda su intensidad porque es muy difícil", afirma.
Para Ignacio Urquizu, sociólogo y experto en análisis político, lo que ha ocurrido en Estados Unidos es sobre todo que ha habido una infraestimación del fenómeno Trump. "Y cuando hay una infraestimación suele ser porque hay voto oculto, gente que no quiere decir a quién va a votar porque es consciente de que esa opción está socialmente mal vista".

El método del éxito

Esa premisa es precisamente la que ha permitido a Arie Kapteyn anotarse el golazo de haber sido el único en dar la victoria a Trump. "Si hemos acertado ha sido por el método que hemos empleado para los sondeos", destaca el héroe del momento. Un método especialmente diseñado por él y otros expertos de la Universidad de California del Sur después de percatarse de que, con los métodos tradicionales, como las llamadas telefónicas, muchos votantes habrían ocultado que pensaban marcar en la papeleta el nombre de Donald Trump.
Para evitar precisamente que esos votos se les escaparan de los sondeos, Kapteyn y su equipo echaron mano del método más antiguo: enviaron a todos los estados americanos miles de cartas con un cuestionario en su interior acompañado de un billete de cinco dólares. Y a quien respondía a las preguntas se le premiaba con otros 15 dólares. Una práctica que, según Kapteyn, es perfectamente lícita, porque participar en un sondeo requiere tiempo y quienes aceptan hacerlo se sienten además más responsables al ser retribuidos económicamente por ello.
De ese modo, seleccionaron una muestra de unas 3.000-4.000 personas a las que siguieron durante 2016. Una muestra representativa de todo el electorado, compuesta por personas que viven en perdidas zonas rurales y que no habían usado nunca un ordenador, y también jóvenes hiperconectados las 24 horas del día.
Como para entonces ya estaban absolutamente convencidos de que muchos de quienes pensaban votar por Trump jamás lo admitirían públicamente, decidieron recurrir a internet para poder mantener el anonimato de los seleccionados para participar en el sondeo. Y a quien no tenía un ordenador en casa o una línea de banda ancha a su disposición, le regalaron una tableta y una suscripción a internet.
Y más: a diferencia de las otras encuestas, que seguían realizando la clásica pregunta de "¿Usted a quién va a votar?", el sondeo de Kapteyn para Los Angeles Times no pedía a los encuestados que eligieran entre uno u otro candidato sino que indicasen en una escala del 0 al 100 cuál era la probabilidad de que votasen por Donald Trump, por Hillary Clinton o por otro candidato. El sondeo también preguntaba a los participantes cual era la probabilidad de que fueran a votar o de que ese día se quedaran en casa. Y gracias a todo eso lograron ver lo que los demás sondeos no vieron: que Trump era el que más posibilidades tenía de ganar.

Una legión de indecisos

Pero, según los expertos, no se trata sólo de que haya habido voto oculto, sino también de que hay una legión de indecisos. "Vivimos una fase de crisis política, de crisis de representación, en la que hay muchos huérfanos políticos, mucha gente que no se siente representada por ningún partido. Esa cifra llegó a tocar en España, en 2014, el 55%, multiplicando directamente por dos la que era habitual. Es gente que no sabe a quién votar, porque no se siente representada por ningún partido. No es que mientan, es que realmente no saben a quién votar", subraya Urquizu.
También José Miguel de Elías destaca que, si las encuestas han fallado, ha sido en parte porque los partidarios de Trump eran conscientes de que su opción estaba socialmente mal vista. "Y para evitar esa vergüenza muchos no es que mintieran, es que declinaban participar en las encuestas. En un escenario muy ajustado, en una situación casi de empate al 50%, el no recoger el voto de esa gente puede llevar a patinar".
Con el agravante de que, a decir del director de Investigación y Análisis de Sigma dos, cada vez más vivimos en sociedades profundamente divididas casi al 50%, sociedades partidas en dos. "Lo hemos visto en las recientes elecciones en Estados Unidos, en el Brexit o en España. Y eso hace más difícil las encuestas".
El mundo cada vez es más complicado. "La sociedad cada vez es más compleja, registra una explosión de pluraridad que hace que cada vez sea más difícil captar la realidad. Por ejemplo: dos personas de la misma edad, del mismo sexo, del mismo nivel de estudios, del mismo barrio y con salarios similares pueden votar cosas completamente opuestas. En los años 80, sin embargo, no eran habituales esas diferencias", precisa Toharia.
Los expertos subrayan asimismo cómo los sondeos no son predicciones al milímetro de lo que va a pasar. "Recogen un estado de ánimo, y punto. Y ese estado de ánimo puede cambiar desde que se realiza la encuesta hasta el momento en que tiene lugar la votación. Además, podemos fallar en la interpretación", en palabras del director de Metroscopia. "Las encuestas no son bolas de cristal. El futuro no lo escriben los sondeos sino las personas", remacha Urquizu.
El Mundo

Trump, Brexit, Colombia... ¿por qué se equivocan las encuestas?

(CNNEspañol) - Según decenas de encuestas publicadas por los medios de comunicación, la candidata demócrata Hillary Clinton pasaría a la historia al convertirse la primera presidenta de Estados Unidos. Pero se equivocaron.

La última encuesta de CNN/ORC ponía a Hillary Clinton cinco puntos por delante de Donald Trump, pero al final el resultado de la única encuesta 100% precisa,  la de las urnas, fue la victoria del magnate neoyorkino por una muy corta ventaja de un poco más de 254.000 votos. El republicano triunfó, desafió lo que decían las encuestas y dejó sorprendidos a muchos.

Las encuestas no solo fallaron en Estados Unidos, donde incluso la Asociación Estadounidense de Investigación de Opinión Pública (AAPOR por sus siglas en inglés) reconoció este miércoles que “las encuestas se equivocaron esta vez” y convocó a un panel de expertos para hacer un análisis post electoral de los sondeos.
“El objetivo de este comité es preparar un reporte que resuma la exactitud de las encuestas prelectorales de 2016 (tanto de las primarias como de la elección general), revisar la variación por diferentes metodologías e identificar las diferencias de los años electorales anteriores”, dijo en un comunicado la AAPOR.

También se equivocaron en Colombia donde los sondeos arrojaban que el sí en el plebiscito para refrendar los acuerdos de La Habana arrasaría; y también en Reino Unido con el 'brexit', pues el día de la elección una gran encuesta ponía el “leave” 10 puntos detrás de la opción de estar en la Unión Europea.

En Colombia ganó el no. En Reino Unido ganó la opción de abandonar la Unión Europea. Y en Estados Unidos ganó Trump.

¿Por qué?

“Las encuestas no estaban diseñadas para captar las emociones”, le explicó a CNN en Español Javier Restrepo, director de la Unidad de Estudios de Opinión de la encuestadora IPSOS en Colombia, que identificó esta razón como uno de los fenómenos que afectaron la encuestas en ese país, pues hay temas que son muy sensibles (como la paz y la participación política) y más que racionales son "absolutamente emocionales" como para identificarlos en las encuestas.

"De alguna forma no nos habíamos dado cuenta de la dimensión emocional que estaba influenciando el comportamiento que la gente iba a tener en las elecciones”, explicó Restrepo en una entrevista telefónica desde Bogotá.

“Es muy difícil medir emociones y a través de las encuestas es aún más complicado porque estábamos utilizando el modelo clásico de medición de intención de voto que busca identificar la decisión racional que la gente toma y evidentemente esta no es una decisión racional”, añade.

Una encuesta de IPSOS de septiembre de 2016 mostraba que el apoyo por el sí era del 66%.

Sin embargo, Jorge Galindo, sociólogo perteneciente al grupo de análisis Politikón, subraya que las encuestas jamás han sido perfectas y siempre han estado sujetas al margen de error y a un nivel de incertidumbre mayor o menor dependiendo el momento.

“Ha habido un problema por parte de los analistas que comunican esta incertidumbre. Las encuestas son todavía un método imperfecto”, dice Galindo.
Pero la metodología de las encuestas también es un factor que afecta estas mediciones. Según Eduardo Gamarra, director del programa Latino Public Opinion Forum, la telefonía se ha convertido en un problema para los encuestadores pues actualmente solo el 41% de la población de Estados Unidos tiene una línea telefónica fija y acceder a través de teléfonos celulares no es muy fácil, pues existen restricciones legales para conseguir esas bases de datos, lo que hace más difícil acceder al público.

“Las encuestas en línea están reemplazando a las encuestas telefónicas y el problema es que no son encuestas probabilísticas, no tienen margen de error por su naturaleza, por lo que se busca tener grandes muestras pero lo que se utiliza en Estados Unidos son paneles de 10.000 personas con los que se genera una muestra”, explica Gamarra.

“Hay problemas metodológicos que son muy importantes que pueden hacer variar los resultados”, añade.

Y según Galindo las personas ya no quieren contestar encuestas de la misma manera que lo hacían en el pasado.

¿Miedo o vergüenza para contestar?

La responsabilidad de las encuestas no sólo debe recaer en las encuestadoras. En estos procesos electorales se ha visto la llamada teoría de la “espiral del silencio” o del voto oculto, en la que los electores no expresan sus preferencias en público ya sea por miedo o por vergüenza.

Arcadio Castillo, gerente de finanzas del Partido Republicano y para la campaña de Donald Trump en Nueva York estuvo de acuerdo con que una de las razones por las que las encuestas no reflejaron la verdad fue porque mucha gente no quería aceptar en público por quién iba a votar.

“Hay muchas personas que son demócratas o independientes y que no querían decir [que iban a votar por Donald Trump] porque muchos se enojaban”, relató Castillo a Gustavo Valdez de CNN en Español el día de las elecciones.

El propio Nigel Farage dijo que algunos partidarios de Trump pudieron sentir vergüenza de decir que lo estaban apoyando, con lo que las encuestas podían verse afectadas.

"Tal vez las personas no están diciendo la verdad a los encuestadores. Piensan, no quiero decirle a un encuestador 'voy a votar por Trump, pero en privado, eso es lo que siento y eso es lo que voy a hacer'", dijo.

En esto está de acuerdo Steve Hilton, estratega político del exprimer ministro británico David Cameron y ahora director ejecutivo del sitio de crowdfunding político y de datos Crowdpac.

"Es muy probable que haya un fenómeno secreto de seguidores de Trump. No creo que sea posible estimar cuántos, y las encuestas, por definición, no los recogen", le dijo Hilton a Richard Allen Greene de CNN antes de las elecciones.
Una situación similar a la que ocurrió en Colombia y que Restrepo identifica como "el poder del voto oculto", pues como en ese país hubo un rechazo generalizado por la opción del no —porque fue comunicado como un rechazo a la paz, más que a los acuerdos de La Habana— muchos no se atrevían a responder con la verdad.

“Como era políticamente incorrecto responder que no, la gente no se atrevía a decirlo. Era mal visto en el país decir que no y ese tema del voto oculto que por supuesto no se percibió durante la campaña y durante las encuestas terminó afectando los resultados”.

Sin embargo, para Gamarra no hay tal "espiral del silencio", sino que se trata de los indecisos que a medida que va acercándose el día de la elección van definiendo su voto.

“La teoría de la espiral del silencio ha sido difícil de comprobar: al final es simplemente indecisión. Gente que llegó al lugar de votación y ahí mismo decidieron [por quién votar]”, dice Gamarra y pone el ejemplo de los indecisos de Florida, que según su encuesta empezaron a decidirse a votar por Trump desde mediados de octubre.

Hay indicios tempranos de que algunos votantes de Trump no fueron encuestados correctamente durante la campaña o durante la votación a la salida del día de la elección.

Nate Silver, editor jefe del sitio FiveThirtyEight, le dijo a CNNMoney que la falla en las encuestas parece ser “un error de no respuesta o de cobertura”, es decir que “las personas que respondieron a las encuestas no reflejaban plenamente el electorado real".

Pero no todas las encuestas se equivocaron. Unas de ellas es la de Los Angeles Times que consistentemente mostró una ventaja de Donald Trump sobre Hillary Clinton. Su más reciente sondeo le dio la victoria a Trump con un 46,8% versus 43,6% para Clinton.

Así mismo, la encuesta final de CNN sobre las encuestas antes del día de la elección mostraba a Clinton con una ventaja de 3 puntos sobre Trump. La candidata demócrata actualmente tiene una estrecha ventaja en el voto popular, que los expertos creen que terminará con un 1 ó 2% de ventaja, muy dentro del margen de error de la mayoría de las encuestas.

El Círculo rojo

La falta de conexión entre las élites y la gente es otra de las razones para las sorpresas electorales, según le dijo a Xavier Serbia de CNN en Español Jaime Duran Barba, profesor de la Universidad de Georgetown.

“En Estados Unidos y en América Latina tenemos un grave problema y es el divorcio de lo que llamamos el Círculo rojo y la gente: hay élites —llámense republicanos o demócratas— que comparten conceptos y puntos de vista que no son los de la mayoría y ese es el gran problema”, dice Durán Barba.

“Es el eje de la crisis de la democracia occidental”, añadió el analista de Georgetown.

En Reino Unido la votación resultó ser el 51,9% para la opción del ‘leave', y 48,1% para el 'remain’. En Colombia, una nación muy dividida, rechazó el acuerdo de paz con las FARC con un 50,21% a favor del no y 49,78% por el sí. Y en Estados Unidos el candidato republicano obtuvo el 47,5% frente al 47,7% de Hillary Clinton.

De todos estos resultados se esperaba un resultado diferente, pero al final también tuvieron un muy pequeño margen de diferencia, algo que según los expertos puede ser el resultado de una suma de eventos que junto con la incertidumbre van ajustando la opinión del ciudadano y puede hacer que su pensamiento cambie hasta el último momento, antes de depositar su voto en la urna.
CNN

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