Monday, July 17, 2017

“AQUÍ SE VENDE MARIHUANA”/¿Por qué fue posible legalizar la marihuana en Uruguay?



La venta legal de marihuana se iniciará el 19 de julio en un número limitado de farmacias y para cinco mil consumidores registrados, según el Instituto de Regulación y Control del Cannabis. 
 CreditMatilde Campodonico/Associated Press

MONTEVIDEO – El 19 de julio, Uruguay se convertirá en el primer país de América Latina en el cual será posible entrar a una farmacia para comprar de manera legal un sobre de marihuana de cinco gramos. Más que eso, la marihuana es producida por el mismo Estado uruguayo, que igualmente le pone un sello de garantía de calidad.

Desde la aprobación de la llamada ley de la marihuana, en diciembre de 2013, mucha gente se pregunta cómo pudo ocurrir en este pequeño país de tan solo 3,4 millones de habitantes —apenas 160.000 dicen consumirla al menos una vez al año y solo 5000 se han registrado como consumidores regulares— y que está rodeado de otros países en los cuales la tradición católica y el conservadurismo de las costumbres todavía traban el avance de legislaciones relacionadas con los derechos civiles, como el aborto o el matrimonio homosexual, ambos también legales en Uruguay.

Muchos creen que la llamada ley de la marihuana (Ley 19.172), que legaliza plenamente la venta y el cultivo del cannabis, se debe solamente a la progresista gestión del exguerrillero tupamaro José “Pepe” Mujica. Pero esto es una verdad parcial. 

La propuesta que fue aprobada por el congreso uruguayo surgió durante el gobierno de Mújica. Pero su concreción dependió de una constelación de hechos históricos que tomó décadas en formarse. Y el hecho principal es la excepcionalidad de la formación del Estado uruguayo, que ofreció el contexto ideal para que la iniciativa prosperara.

El territorio que hoy corresponde a ese país fue considerado por mucho tiempo por los conquistadores españoles como una tierra de nadie y fue ignorado por la Iglesia católica, que tardó en hundir sus raíces y predicar sus reglas en aquel lugar remoto, entonces conocido como la Banda Oriental.

Los uruguayos tuvieron la fortuna de formar su identidad en ese relativo vacío. Y también la de contar con un puerto que, a pesar de ser más pequeño que el de la poderosa Buenos Aires, les ofrecía el contacto con inmigrantes e ideas de varias partes del mundo.

Mientras hoy en toda América Latina se celebra la Semana Santa, en Uruguay tales días de fiesta son conocidos como “semana del turismo”.

Hace un siglo se oficializó en Uruguay la separación entre Iglesia y Estado. Por eso, no se ven crucifijos en los edificios y escuelas estatales y está prohibido mencionar a Dios o fragmentos de los Evangelios en los discursos públicos.

Ser laico, al menos en la esfera pública, es uno de los orgullos de la cultura uruguaya, junto al hecho de haber ganado dos mundiales de fútbol y producido al menos tres artistas plásticos de proyección internacional: Juan Manuel Blanes, Pedro Figari y Joaquín Torres García.

Pero esa excepcionalidad no se habría dado sin el empuje de una acción política de José Batlle y Ordóñez a principios del siglo XX, quien hizo aprobar leyes bastante progresistas para la época, como la jornada de ocho horas, la compensación por desempleo y el divorcio a petición de la mujer.

En 1927, Uruguay se convirtió en el primer país de Latinoamérica donde las mujeres pudieron votar —y fue también el primero en legalizar y reglamentar la prostitución—.

Los gobiernos de Batlle también fueron nacionalistas, antimperialistas y aumentaron la participación del Estado en la economía. Cuando hoy se pregunta a un entusiasta del “batllismo” sobre la Ley de la Marihuana, no es raro oír la respuesta “pero eso no es novedad, ya estatizamos hasta el alcohol en el pasado”.

Y no es mentira. El presidente Batlle, preocupado por la calidad del alcohol que consumía la población, hizo que el Estado monopolizara su producción. La idea, repetida décadas después por Mujica con la marihuana, es que, al menos, consumiendo lo que era producido por el Estado, podría haber más control y mejores garantías de que los ciudadanos no estaban consumiendo un veneno.

Las dificultades que surgen en este momento, sin embargo, están vinculadas al hecho de que, a pesar de ser excepcional, Uruguay no es una sociedad homogénea. Así como en el interior del país hay médicos que se oponen, por “objeción de conciencia”, a realizar los abortos permitidos por la ley, obligando al gobierno a enviar médicos especializados desde Montevideo para realizar el procedimiento, no todos los uruguayos favorecen la venta de la marihuana en las farmacias.

Incluso algunos farmaceutas se resistieron a la idea, argumentando que sus establecimientos podrían ser atacados por pandillas de traficantes y exigieron que las tiendas que vendieran la droga tuvieran cajas fuertes y un “botón de pánico”, que hará sonar una alarma en la comisaría más cercana.


En esta foto de archivo, José "Pepe" Mújica, expresidente de Uruguay,
saluda a un grupo de jóvenes reunidos con motivo de la Conferencia
Anual de la Juventud, en Brasilia, Brasil, el 16 de diciembre de 2015.
Credit
Eraldo Peres/Associated Press

El actual presidente, Tabaré Vázquez, médico oncólogo y socialista,
pero conservador en materia de drogas, nunca vio la legislación con
buenos ojos, a pesar de formar parte de la alianza de Mujica, el
Frente Amplio. Sin embargo, también por tratarse de un político uruguayo,
o sea, que respeta las leyes (mucho más que un argentino o un brasileño),
Vázquez se comprometió a aplicarla por el solo hecho de haber sido
aprobada por el congreso. Y lo está haciendo, a su manera: despacito
y con discreción.

La marihuana en las farmacias llega al consumidor con advertencias
como las que hay en varios países en los paquetes de cigarrillos,
mostrando los efectos dañinos que la adicción puede causar. Las
empresas contratadas por el Estado para producir la droga no pueden
hacer publicidad ni poner sus nombres en los paquetes.

La marihuana uruguaya recoge la tradición batllista. No se trata de
producirla 
para el lucro de las empresas ni del Estado, sino de
buscar el bienestar 
colectivo. Y, en ese sentido, es un experimento por la cual vemos desangrar a México y Colombia desde hace tantos años.

Y esto le da buena prensa a nuevas vías para debatir el tema de la adición
de la legalización de las drogas en una región muy conservadora, que 
todavía las ve como un gran tabú. Si hoy la marihuana con fines
medicinales 
es legal en Chile, Colombia, México y Argentina, es en parte
por el ejemplo 
uruguayo.

En un mundo como el de hoy, encontrar una solución pacífica para un
tema 
tan conflictivo, ya es un motivo de celebración. Y en este caso también
 un logro más de la excepcionalidad uruguaya.

Sylvia Colombo es corresponsal en Latinoamérica del diario Folha de São Paulo y
está basada en Buenos Aires.


NEW YORK TIMES


1,3 dolares por gramo









“AQUÍ SE VENDE MARIHUANA”


Desde el miércoles próximo el cannabis se podrá comprar en las farmacias de Uruguay. Pero no hay demasiado entusiasmo


Llegó el día fatídico, el día en que la libertad podrá expandirse
incluso hasta hacerse daño a uno mismo. A partir del 19 de
julio las farmacias de Uruguay podrán vender dosis de marihuana
como los kioscos venden cigarrillos, o casi. Y el pequeño país
sudamericano rodeado por dos gigantes, Argentina y Brasil,
entrará en el Guinness como el primer país del mundo que
legalizó el mercado del cannabis, con el control de la producción y
la venta en manos del estado.
Con la definitiva liberalización de la venta del cannabis para uso
recreativo en las farmacias, el proceso de legalización de tres años
ha llegado a la fase final. Por ahora, la venta al público comenzará
en 36 locales comerciales, de los cuales 16 son farmacias, y otras
20 podrían sumarse en los próximos días. Las farmacias deben
vender el cannabis en dosis de 5 gramos a un precio equivalente
a 1,3 dolares por gramo. En un segundo momento, se liberalizarán
dosis de 10 gramos. Los compradores deben ser mayores de edad
y estar inscriptos en un registro nacional. Además, no pueden
comprar más de 10 gramos por semana y hasta 40 por mes.
Los turistas extranjeros, en cambio, no pueden comprar
cannabis. Hasta ahora el gobierno había autorizado a los
ciudadanos a cultivar cannabis para uso personal o a través de
asociaciones.
El exordio de la sustancia en el mercado – Uruguay tiene una
población muy reducida que no llega a los 4 millones de
habitantes – es altisonante aunque no ha sido tan sensacional
como se esperaba, ni mucho menos la aceptación popular. Los
puntos de venta, las farmacias, son 16 sobre un total de 1.000,
porque una cadena que se había comprometido a habilitar sus locales
para la venta se retractó a último momento. El número de
uruguayos registrados para comprarla son poco más de 4.000.
Los que rechazan el plan del gobierno con sus mecanismos de
producción y comercialización son el 62 por ciento de la población,
según una encuesta de “Equipos Consultores” realizada en julio,
contra el 20% que lo aprueba y el 8 por ciento que no está a
favor ni en contra.
Tierras de América


CreditMatilde Campodonico/Associated PressMONTEVIDEO – El 19 de julio, Uruguay se convertirá en el primer país de América Latina en el cual será posible entrar a una farmacia para comprar de manera legal un sobre de marihuana de cinco gramos. Más que eso, la marihuana es producida por el mismo Estado uruguayo, que igualmente le pone un sello de garantía de calidad.Desde la aprobación de la llamada ley de la marihuana, en diciembre de 2013, mucha gente se pregunta cómo pudo ocurrir en este pequeño país de tan solo 3,4 millones de habitantes —apenas 160.000 dicen consumirla al menos una vez al año y solo 5000 se han registrado como consumidores regulares— y que está rodeado de otros países en los cuales la tradición católica y el conservadurismo de las costumbres todavía traban el avance de legislaciones relacionadas con los derechos civiles, como el aborto o el matrimonio homosexual, ambos también legales en UruguayMONTEVIDEO – El 19 de julio, Uruguay se convertirá en el primer país de América Latina en el cual será posible entrar a una farmacia para comprar de manera legal un sobre de marihuana de cinco gramos. Más que eso, la marihuana es producida por el mismo Estado uruguayo, que igualmente le pone un sello de garantía de calidad.MONTIVIDEO.Desde la aprobación de la llamada ley de la marihuana, en diciembre de 2013, mucha gente se pregunta cómo pudo ocurrir en este pequeño país de tan solo 3,4 millones de habitantes —apenas 160.000 dicen consumirla al menos una vez al año y solo 5000 se han registrado como consumidores regulares— y que está rodeado de otros países en los cuales la tradición católica y el conservadurismo de las costumbres todavía traban el avance de legislaciones relacionadas con los derechos civiles, como el aborto o el matrimonio homosexual, ambos también legales en UruguayMuchos creen que la llamada ley de la marihuana (Ley 19.172), que legaliza plenamente la venta y el cultivo del cannabis, se debe solamente a la progresista gestión del exguerrillero tupamaro José “Pepe” Mujica. Pero esto es una verdad parcial.

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