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Un sistema para enviar humanos a Marte más barato que el de la NASA


Un estudio plantea enviar vehículos más ligeros y con menos astronautas para reducir riesgos y costes

En 1948, Wernher von Braun elaboró el primer análisis técnico de un viaje tripulado a Marte. Recién rescatado de la Segunda Guerra Mundial, el ingeniero alemán era optimista. En un libro titulado Das Marsprojekt(“el Proyecto Marte”), planteó una misión descomunal al planeta rojo. Diez naves espaciales llevarían a 70 astronautas que explorarían el planeta durante más de un año. De haberse cumplido sus planes, la misión debería haber partido en 1965.


Además de los inmensos costes y riesgos de un proyecto así, Von Braun no pudo contar con el conocimiento científico necesario para prever las potentes radiaciones a las que se verían sometidos los astronautas en un viaje de ese tipo o la escasa densidad de la atmósfera marciana. Ambas circunstancias fueron descubiertas después de la publicación de su libro, pero buena parte de Das Marsprojekt ha servido como base para los numerosos proyectos de conquista marciana que siguieron a aquel análisis.
Ahora, un nuevo plan, que se publicará en el número de diciembre de Acta Astronautica, propone algunos cambios sobre el proyecto que maneja la NASA para, en el caso de contar con la necesaria voluntad política, enviar seres humanos aMarte. Con la intención de minimizar los riesgos y rebajar el coste de la misión, el autor, Jean Marc Salotti, de la Universidad de Burdeos, plantea, contándolo de forma muy resumida, reducir tanto el número de astronautas a bordo de las cápsulas como la carga necesaria, y plantea repartir a ambos en cuatro naves en lugar de dos.
Por un lado, Salotti explica que repartir de esta manera tanto a los astronautas como a la carga supondría reducir el riesgo de las maniobras de entrada, descenso y aterrizaje a Marte, uno de los momentos con mayor peligro del viaje. En el caso de la mayor parte de los proyectos similares, los vehículos que entran en el planeta pesarían cerca de 100 toneladas. Para que una mole de ese tamaño no se estrelle contra el suelo son necesarios enormes paracaídas o unos sistemas de propulsión que necesitarían una importante cantidad de combustible, incrementando a su vez el peso de la nave.
Además, el volumen de la nave impediría emplear una cápsula similar a las de las Apolo o Soyuz, las más seguras para realizar las maniobras necesarias para aterrizar a salvo en Marte. Para lanzar estas cápsulas hay que colocarlas en el extremo de un cohete que tenga un diámetro algo superior a la nave espacial. Los vehículos diseñados actualmente por la NASA llegan a 8,4 metros de diámetro y los Saturno V, los mayores jamás construidos, alcanzaban los 10 metros. En un caso extremo, escribe Salotti, se podría llegar a construir lanzaderas de 12 metros de diámetro. Para mantener esa forma, el estudio señala que el peso máximo de una cápsula para que no supere ese diámetro sería de 32 toneladas, una cifra muy inferior a las 100 toneladas del proyecto de la NASA.
Dos astronautas viajarían en cada una de las cápsulas propuestas por el autor. Esto supondría reducir la ambición de la misión respecto al plan de la agencia espacial estadounidense, que propone enviar seis. Además, se trataría de enviar cuatro módulos más a la superficie marciana, dos con provisiones y dos que servirían como refugio a los cosmonautas. Al dividir la misión, sería necesario asegurar la precisión del aterrizaje para que los astronautas no llegasen a lugares alejados entre sí o descubriesen al salir de sus cápsulas que están lejos de sus provisiones o de sus hogares marcianos. Esto no debería ser un problema, visto el éxito del reciente aterrizaje de la Curiosity.

Seis lanzamientos para un solo viaje

Pese a tratarse de un proyecto simplificado, el plan de Salotti requeriría seis lanzamientos para poner en órbita todos los módulos mencionados. El número, sin embargo, significa una importante disminución respecto al plan de la NASA, que necesitaría entre 8 y 12 lanzamientos para colocar en órbita las naves. Además, al basarse en vehículos de mayor tamaño, sería imprescindible un ensamblaje de módulos en la órbita terrestre, con el consiguiente incremento en la complejidad de la misión.
Una última diferencia entre la propuesta de Salotti y la prevista por la NASA, entre otras muchas señaladas en el artículo, es la forma de obtener el combustible necesario para abandonar Marte. Frente a un sistema automatizado que habría llegado al planeta rojo con antelación y habría obtenido ya los recursos a la llegada de los astronautas, preferido por la agencia estadounidense, el investigador de la Universidad de Burdeos propone que este proceso de extracción se realice con los astronautas sobre el terreno. Así, se optimizaría el trabajo de las máquinas, que serían menores, reduciendo una vez más el tamaño de la misión.
Las ideas de Salotti, como el propio investigador reconoce, necesitarán de algunas mejoras tecnológicas, pero es posible que tanto para este como para muchos otros proyectos similares, el tiempo para desarrollar nuevas ideas no va a faltar. En realidad, como recordaba hace poco otro estudio en Acta Astronautica y como bien podría recordar Von Braun, no serán ni la ciencia ni la tecnología las que determinen si un humano pisa Marte en un futuro próximo.

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